CCIODH, 29/05/2006
Testimonio #007. Entrevista con la CCIODH
Fecha de la entrevista: 29/ 05/06
Mujer, 32 años
Nacionalidad: chilena
Presente en el conflicto de Atenco.
Denuncia hostigamientos y amenazas posteriores.
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Hace un par de años que me dedico a trabajar desde la antropología en campo de los medios libres. El 3 de mayo recibo información de lo que está pasando en Texcoco. Estaba yo en el centro de medios y pensé en ir para conseguir material y difundir lo que estaba pasando. Llamaron los compas de Radio Pacheco y dijeron que había una compañera allá con muchos audios y que había que ir allá a sacar ese material. Fuimos a la asamblea de Chapingo en la noche, planteaban cómo reaccionar ante lo que estaba pasando. Como a las 12 de la noche llegan a la asamblea compañeros de Atenco diciendo que la situación era crítica, que había heridos y detenidos y que se necesitaba apoyo, había mucho miedo. Hicieron una invitación a los medios a cubrir y a la gente a apoyar. Se trasladaron como 200 personas, nos desplazamos entre pueblos para no tomar la carretera. Cuando íbamos de DF a Texcoco vimos como la policía se retiraba de Texcoco, pensamos que qué bueno y decidimos ir a Atenco. Llegamos como a la una de la mañana, en la plaza había una televisión narrando lo que ocurría. Entró una ambulancia a las 2 y dijo que la policía se estaba moviendo por alrededores y que podía entrar en cualquier momento; se generó un clima de alboroto donde parecía que había que defender el pueblo. Luego la ambulancia dijo que parecía que se movían pero no entraban, y la cosa se calmó. Me encontré con Valentina, quien se encontraba allá para documentar y empezamos a hacer muchas entrevistas en las postas, en las guardias, conocer qué lectura hacían de lo que estaba ocurriendo.
Así estuvimos como hasta las 5 de la mañana, levantando entrevistas. Ahí ya el frío era mucho, el sueño también, Valentina me pide prestadas las llaves del carro y fue un rato al auto a dormir un rato. Luego yo fui como a las 5.15, dormí unos 15 minutos y un compañero nos avisó que estaban entrando como a las 5.30. Valentina se bajó con la cámara, dejó su mochila dentro y se quedó con un morral, yo moví el carro y regresé donde Valentina.
Características del operativo
Fuimos donde las entrevistas y vimos que ya no existían las barricadas, había muchos miles de policías, lanzaban bombas lacrimógenas en cantidades de 15-20 de una vez, nosotros retrocedíamos y ellos avanzaban de una forma muy particular. Avanzaban con pasos muy cortitos (se levanta e imita pasos militares). A la distancia parecía que no avanzaban. Estábamos en eso, retrocediendo, cuando a mi llegó una bomba lacrimógena en la pierna, yo sé que fue un rebote, porque si me hubiera llegado directo me hubiera dislocado la pierna o algo, por el impulso, yo creo que le dio a alguien o una pared primero y después me dio a mi. El punto fue que como me dio a mi estaba saliendo todo el humo y entonces cerré los ojos, alguien me agarró de la mano y me dio un paño de vinagre en la boca, me sacó de ahí, me puso un paño de vinagre en la boca, pude abrir los ojos, pero entonces ya no encontré a Valentina. Yo me puse muy nerviosa. Yo me quedé con la esperanza que ella hubiera corrido con otra compañera, llegué a la plaza, cuando llegué ya era una carnicería, eran 20-30 policías contra un chavo, contra un señor. Había un camión de coca-cola, que lo habían tomado el día anterior para bloquear la carretera, lo habían llevado a la plaza, cuando habían entrado los policías a la plaza Había unos chavos, nos subimos y lanzamos algunas botellas. Vi que eran miles y miles y salí corriendo, había muchos heridos, gente con los brazos quebrados, las cabezas perdidas. Le envolví a un compañero la cabeza, le sobé a uno la pierna porque tenía un golpe.Me empecé a desesperar porque sentía que había cada vez más heridos, traté de ayudar algunos. Vi una casa pero había más de 20 personas, un herido muy grave y salí corriendo, unas señoras me dijeron "métete en la casa que te van a detener", y tras de mí otro señor y otra señora, yo no los conocía. Las casas de Atenco tienen un patio en el centro y la gente sacaba sábanas blancas para mostrar que ellos estaban en paz. Los helicópteros volaban muy bajo y filmaban. Yo me subí al techo con los hijos de la señora y vi cómo estaban deteniendo a mucha gente. Me di cuenta que ya no iba a poder salir de ahí. La casa donde yo estaba estaba llena de cientos de PFP, me empecé a poner muy nerviosa porque vi que no iba a salir de allí. Entonces llamé a Valentina, no me agarró el celular pero daba señal. Pensé que se le había caído. Luego entendí, cuando leí su crónica, que en ese momento Valentina estaba de rodillas en la plaza y que ahí sonó su celular dentro de su morral y que un militar que estaba ahí como al cargo del operativo dijo "quítenle las cosas", y entonces fue cuando le quitaron su cámara, su celular y sus cosas. Te cuento esto porque después siento que eso tiene relación con otras cosas que me han ocurrido días posteriores.
Me quedé en la casa, empezamos a platicar con los señores y la señora, de dónde veníamos, me prestaron el teléfono para llamar al centro de medios, expliqué que estábamos escondidos y no podíamos salir, que afuera estaban golpeando muy fuerte a la gente, que había perdido a Valentina. Permanecí al teléfono, mi testimonio salió en vivo. Dije que creía que había mucha gente como yo escondida en casa, y pedimos una comisión de gente pública, artistas, académicos, a los cuales no les pudieran hacer nada, que pudiera venir y negociar por nosotros, hoy me doy cuenta que eso era totalmente inviable.
Permanecí desde las 6.30 de la mañana hasta las 15-16 de la tarde en que la policía entró a allanar la casa; Creo que ese fue el momento más difícil para mí; fue muy muy violento. Entraron como 15 PFP, entre ellos mujeres, eso fue lo más impresionante, a mi la que me golpeó fue una mujer, no un hombre; eso me sorprendió. Me llamó hippie, que tenía pinta de activista. Revisó mi bolsa, encontró una calcomanía de la Otra Campaña y me empezó a golpear, me tiró al piso, me puso la bota en la cabeza, con un tubo con el que rompía los vidrios de la casa me empezó a pegar en las costillas. Tenían a toda la familia así, yo no era la única. Yo me acuerdo que mi reacción fue tan tonta, cuando escuché que la policía iba entrando a la casa mi reacción inconsciente fue ponerme a barrer la casa porque pensé que así creerían que era de ahí. Barrí un rato mientras rompían todo, mientras agarraban a la señora y al señor y a la gente que estaba ahí, la ponían al suelo, la ponían contra la pared, y ahí fue cuando me agarró la mujer de la PFP, en la misma bolsa no vio que estaban mi mini disc con las grabaciones ni la cámara con las entrevistas. No me preguntó mi nombre, cuando a todo el mundo sí le preguntaron.
Estaban muy alterados, muy alterados, entraron, rompieron todo, pero no buscaban nada, ellos nunca buscaron en la casa, nos tiraron al suelo y a golpearnos, y a mi en lo personal no me preguntaron mi nombre, creo que de alguna manera fue una suerte. Yo me acuerdo que no hablaba, no hablaba nada, entré como en un shock y me quedé callada, sentí muchísimo muchísimo miedo, muchísima impotencia. Hubo un momento que me estaban pegando más a los pechos, más a la cabeza, y la señora de la casa de una manera impresionante se levantó y dijo que ya no me pegara, que yo era su sobrina y que habían recibido información de la Otra Campaña pero que no pertenecíamos a ningún movimiento. En eso entró un policía PFP gritando que se salieran que había otra casa. Nos sentíamos todos como en shock, yo ahí me puse a llorar.
Cuando entraron, un PFP gritaba "¿quién chingados llama a los DDHH? Les va a cagar la chingada" Yo había estado en contacto con ellos.Eso quiere decir que tenían interferido el teléfono. Yo ya había estado llamando desde la casa, yo había llamado a gente, había dado el teléfono para que entraran las llamadas, porque también era un gasto para la familia, nos habían dado de comer y todo. Empecé a no contestar las llamadas, a decir que estaban equivocados. Se reunió la familia y nos dimos cuenta que nos teníamos que ir de allá, estábamos poniendo en riesgo una familia con hijos, además uno de la familia era del FPDT y ella tenía mucho miedo.
La familia se reunió, conversamos un momento, nosotros también, conversamos de lo que tenía que ocurrir, nos juntamos en el comedor, los helicópteros volaban muy bajo, tan bajo que viendo la tele podíamos vernos en la tele, como estaban mostrando nuestra casa. Eran helicópteros de prensa y policía, eran como 8 helicópteros.
Después de eso la familia nos dijo que teníamos que salir, que nos iban a ayudar, estaban muy afectados. Lo que hicieron fue al señor y a la señora que se escondieron conmigo, eran personas mayores, como de 40-50 años, a él ya le habían pedido documentos, lo habían golpeado y lo habían soltado cuando fue la paliza en la plaza él se quiso hacer pasar por reportero, yo vi cómo lo golpearon, luego cuando lo vi en la casa conversamos de eso, la familia dijo que a él ya le habían pedido documentos o sea que de él saben todo, pero que de mi podía dejar mi documentación, entonces lo que hice dejé mi cámara, mis documentos, me cambiaron la ropa, me dieron de una muchacha de ahí, me sacaron los aretes, inventamos que él era mi papá y que ella era mi mamá, nos pusimos nombres de acuerdo al apellido de él y después de practicar pasamos de casa en casa por atrás y al final nos dejó en una milpa y nos subimos a un autobús a san Lázaro. Así logramos escapar, como a las 5 de la tarde.
Había mucha gente escondida, mientras estuvimos escondidos llegaban niños con papelitos diciendo "tía, en casa de mi mamá hay dos muchachas", no decían nombres.
Salimos de Atenco, pararon un par de retenes, nos pidieron documentos pero siempre a él, porque yo no llevaba nada que revisar.
Me fui al centro de medios, y nos contaron que los detenidos estaban llegando a Almoloyita (7h), fueron unos amigos, vieron como un bus de policías empezaban a bajar gentes con la cabeza tapada, y uno de los amigos gritó "¡Valentina Palma!", y ella rompió la fila y ahí supimos que ella estaba detenida. Nos quedamos ahí y a las 3 de la mañana los trasladaron a iztapalapa, todo era oscuro, llamé al cónsul de chile, a su celular porque yo lo tenía. Una tía de Valentina había puesto un amparo, pero la orden era dar cero información.
A las 3 de la mañana salió un carro a toda madre y los llevó al aeropuerto, junto a otros carros con los otros extranjeros.
Nos enteramos que Valentina iba a ser deportada porque yo llamé a la familia mía y de Valentina y me dijeron que llegaba en la mañana.
Valentina al bajarse del avión, acudieron muchos familiares, inmediatamente fueron al hospital, y puso una denuncia y ahora tiene una querella contra el gobierno mexicano, por el robo de sus cosas, por la deportación,
Valentina denunció de manera muy fuerte las violaciones, porque dice que a todas las chavas en el penal les bajaron los pantalones, las tocaron, y a otras cosas peores.
Ese día sentí mucho miedo porque ella me llamó para decirme que tuviera mucho cuidado, porque en la estación migratoria la habían interrogado unos tipos del CISEN, de la inteligencia secreta, y le dijeron que sabían que ella había llegado con otra chava, en un bocho rojo, le decían que tenía la cámara con las grabaciones, que habían visto lo que habíamos hecho, que teníamos relación directa con el Frente, con los dirigentes, le decían que su amiga América había preguntado por ella, lo cual no es cierto porque ella no nos conoce, y nosotras no la conocemos más que por los periódicos.
Pedí ayuda a mis amigos, para que me acompañaran a casa, sabía que no podía ir al plantón, ni a las marchas, ni a los bloqueos. porque tenía un chingo de miedo. Empecé a perder el control de mi cuerpo, a tener una diarrea súper fuerte, esa noche quise dormir y no sé como pero me mordí toda la boca por dentro y empecé a sangrar mucho. Una amiga dice que chirriaba mucho mi mandíbula. Sentía miedo de salir a la calle y odio, mucho odio, y eso me da miedo, porque cuando uno tiene tanto odio es capaz de muchas cosas. No quería cometer un error, de agredir a nadie ni a mí misma. No quería vivir eso. Sentía que la vida era una mierda, que lo que nos estaba pasando era muy cabrón. Pero también sentía mucha solidaridad, de mucha gente, no estábamos solos. Esos güeyes quieren que el miedo y el odio se te quede en la piel. Si alguien se me acercaba, gritaba o corría, yo reaccionaba muy mal, corría o gritaba, cosas que nunca había hecho. el allanamiento me produjo mucho miedo. Fue el momento más difícil para mí.
Hostigamientos y amenazas posteriores al operativo
El día 7, como a las 2 de la tarde estaba en casa de una amiga porque no quería estar sola en mi casa, Yo vivo en un barrio conflictivo y empecé a sentir miedo de estar sola, fui a casa de una amiga. Estaba en su casa cuando sonó mi teléfono y el identificador de llamadas decía "nº privado". Era un hombre que decía "perra, puta, esta vez la libraste pero la próxima no te la vas a librar". Empecé a sentir miedo. Estaba acompañada de personas que me hicieron sentir un poco cerca, dejé de contestar el teléfono por unos días, me comuniqué con mis amigos para comentarles lo que me había pasado y empecé a entender que era muy lógico que tuvieran mi número de teléfono porque mi llamada había quedado registrada en el teléfono de Valentina en la mañana del 4 y que era a mí a quien estaban llamando. Siento la certeza que esa era la relación de la llamada, con la llamada que hice a Valentina el día 4. Esto fue el día 7.
El 8, la amiga con que estaba quedándome, una chava que está en la caravana, ese día acompañó la caravana a un acto del Delegado Zero, a una entrevista, y dice que después de la entrevista, de salir del medio, la siguió un carro rojo. Al otro día salió porque la fueron a buscar. Yo estaba con su familia y fui a sacar copia de la llave de la casa, y salí del departamento y estaba el carro rojo ahí, no puse mucha atención y no me di cuenta en ese momento, me di cuenta cuando llegue al jarocho a comprar un café que los tipos del carro rojo estaban ahí, me extrañé y empecé a caminar de regreso hacia la casa, uno se subió al carro y empezó a manejar al lado mío y otros dos me siguieron andando. Escuchaba que se reían y hablaban.. Empecé a correr, me metí al mercado, porque faltaba una cuadra para llegara a la casa. Uno de ellos se metió detrás de mí y el otro se metió en el otro lado del mercado y se metió enfrente mío y me miraba, y hacía gestos, y se reía, y escuché que el de atrás me decía "te cargó la chingada, puta, ahorita sí te vamos a violar y vas a ver que te va a gustar". Llamé a mis amigos y les expliqué que había dos tipos amenazándome. Mis amigos llegaron de inmediato y me llevaron a su casa.
20 minutos después, mi papá me llamó desde Chile, él fue preso político exiliado y torturado, ya vivió esto. Y me explicó que cuando te hacen eso es mejor, es que quieren advertirte, que te calles mejor, porque si quieren hacerte algo de veras te lo hacen y ya, te llevan a un carro.
Hablé con mi amiga de la casa, me preguntó si los tipos eran así, así y así, y me dijo que son los mismos tipos que la habían seguido a ella ayer. Me tranquilicé porque vi que no era paranoia mía, que no perdía la noción de lo que es verdad y lo que no. Nos siguen y amenazan, tenemos que actuar con más tranquilidad. Quieren que ese odio que tengo a flor de piel me haga cometer una locura.
Hasta ahora no ha pasado nada más.No me han seguido, o al menos no tan evidentemente. No me han vuelto a llamar. Hay una tranquilidad medio sospechosa.
Lo que hacen a una lo hacen a todas, lo acabo de vivir en carne propia.
No entiendo por qué yo no estoy en Chile, por qué he tenido tanta suerte. Usen mi testimonio sabiendo que eso puede sacarme del país. Tengo miedo de que eso ocurra, tengo mi vida hecha aquí desde hace nueve años. Por decisión propia vivo aquí y quiero seguir haciéndolo.
Sé que tienen muchos datos míos, trato de dejar denuncia de lo que viví, tratando de dejar testimonio de lo que viví. También hablé con el cónsul, le pedí que no canalizara la demanda a la justicia mexicana, porque me parecía un absurdo. Él no está de acuerdo, dice que lo correcto es que lo haga. Me negué a hacerlo, habló con mis papás, le dijeron lo mismo, y que él había sido negligente ante la deportación, que había cometido errores y que ellos iban a tomar medidas, han hablado con cancilleres, diputados, han tratado de darme una protección, pero saben que no pueden hacer mucho, más que dejar un antecedente de que sí ha habido hostigamiento. No estoy sola, mis padres están enterados. Ellos ya pasaron por eso, estuvieron 15 años en el exilio, fueron presos políticos con Pinochet. Ahora no contamos con el apoyo del gobierno chileno, aunque sea de izquierda porque ellos hacen lo mismo.
Tengo miedo de que me saquen del país.
Con Valentina, ella me contó que hace unos días el gobierno mexicano le ofreció, por debajo de la alfombra, confidencialmente, que podía entrar al país en 15 días si retira la querella que puso contra el gobierno mexicano. Le dieron a entender que el problema no era que ella denunciara violaciones, que lo podía seguir haciendo, que la justicia mexicana iba a castigar a los culpables de esos atropellos sexuales. En realidad ellos no querían que pasara a mayores la querella por haber sido deportada ilegalmente habiendo un recurso de amparo interpuesto. Esto nos hace ver que ellos saben que una querella la pierden. El papel de Valentina como cineasta ha tenido un impacto mediático muy fuerte. Desde el día 4 hasta hoy, más de 25 días después, ha salido cada día en el periódico, a diferencia de los otros compañeros. Valentina ha podido generar esa fuerza mediática para hacer su denuncia más grande.
Y el gobierno a eso le teme mucho, que una querella por deportación ilegal tenga mucho impacto mediático, y le ofrecen que se quede callada y la dejan entrar al país
Valentina lo rechazó, tiene el corazón claro, sano, firme y fuerte. Les dijo que no iba a retirar su querella aunque eso le costara no poder regresar al país y perder su carrera. Ha tenido mucho apoyo de la comunidad cinematográfica de México, que ha seguido denunciando esto.
Ha habido intentos del gobierno por callar y desvirtuar moralmente la fuerza de Valentina. En un periódico acusan a Valentina y otros deportados de ser francotiradores, especialistas en explosivos. La jugada del gobierno es que si no se quedan callados (los expulsados), pues desatan una guerra mediática contra ellos.
Siento que Valentina hizo bien de no pactar con el diablo. Si pactas con ellos, una vez aquí estás en sus manos. El sólo hecho que se puedan generar dudas en cuanto a la honestidad, la fuerza y la verdad de Valentina, daña al movimiento de solidaridad que se genera en torno a ella. Le han puesto una trampa, quieren que ella desmienta, para generar confusión a la opinión pública. Quieren que entre en la duda, que sería un golpe a la moral del movimiento. Lo hacen siempre contra otros movimientos, generar duda, acusando a los líderes de los movimientos. Estos periodicazos quieren cuestionar públicamente la moral y la ética con la que han actuado los deportados. El gobierno tiene miedo, pero también tiene el poder de la violencia, de la fuerza.
Los signos de maltratos han desaparecido; no he ido al médico, tenía miedo de que me pudiera denunciar. Pero sí he ido a terapia, a grupos de contención para mujeres activistas que viven violencia como esta, y ya no lloro tanto, ya no tengo ganas de venganza, empiezo a volver a sentir que hay cosas que valen la pena. Ha sido muy difícil. Hablar ayuda, pero el odio, la rabia y la impotencia cuestan mucho, están ahí. Te haces consciente de cosas que antes veías pero no te dolían tanto. Empezar a construir tu vida sabiendo que ya hay cosas que no se pueden borrar, que tienen memoria en tu cuerpo.
(.)
Es muy complejo saber a quién favorece o a quién perjudica lo que ha pasado, pero sin duda fue una decisión tomada por todos los poderes, el municipal, el estatal, el federal. Ha sido algo que se quiso hacer, hubo la voluntad de hacerlo... Es algo que ha sido pensado desde antes. Creo que el objetivo es desestabilizar, crear un clima de tensión, antes de las elecciones. Difundir pánico, miedo, terror, porque la confusión permite a los candidatos aparecer como paternalistas, buenos... los que traen orden... utilizan el dolor de la gente para engrandecerse...