COMISIÓN CIVIL INTERNACIONAL DE OBSERVACIÓN POR LOS DERECHOS HUMANOS
Quinta visita por los sucesos de Oaxaca
Inicio Atenco: 2006 Informe 2002 Situación 2001 Informe 1999 Informe 1998

 

 

 

Transcripción de entrevistas

>> Entrevista 002 >> Entrevista 003 >> Entrevista 004 >> Entrevista 005 >> Entrevista 009 >> Entrevista 013
>> Entrevista 027 >> Entrevista 029 >> Entrevista 042 >> Entrevista 045 >> Entrevista 060 >> Entrevista 064
>> Entrevista 178 >> Entrevista 189 >> Entrevista 203 >> Entrevista 208 >> Entrevista 209 >> Entrevista 300
>> Entrevista 365 >> Entrevista 370 >> Entrevista 372 >> Entrevista 396 >> Entrevista 397 >> Entrevista 406


Testimonio #029 – Persona detenida y encarcelada el día 25 de noviembre y actualmente en libertad bajo fianza
Fecha de la entrevista: 23/12/2007
Lugar de la entrevista: Oaxaca

t: […] yo creo que es una causa justa. Entonces, cuando yo voy, por ejemplo, a una marcha, no voy para que me den un coche, para que me mantenga el Gobierno, sino voy para exigir lo que nos corresponde. No es justo que tanto daño nos hagan, de que tiren los árboles, de que compren nuevos autobuses para transporte privado y cosas así. Y las colonias que están aquí cerquita, nada más alrededor, están muy... son ciudades perdidas, donde las casitas son de lámina y cosas así. Eso es lo que a mi no me gusta y no me parece, de que tantito salgo en el coche y ya me agarra un policía de tránsito y ya me quita 100 pesos, 150. Hay veces que yo quiero ir a hacer un trámite, por ejemplo, y no puedo hacerlo así bien porque nunca me dejan, siempre... ‘no, es que no puedes por esto, necesitas el otro’ y la dan muy larga. Lo que ellos siempre buscan es de que yo les de un dinero para poder sacarme mi licencia, mi acta de nacimiento... así. Entonces, aquí en Oaxaca está muy, está muy feo la vida... Sí, no es agradable vivir. Simplemente, no se puede, pues. Todo es el dinero y dinero y dinero. Hay muy poquitas personas de que, así, ayudan de buena voluntad. Entonces por eso es de que yo voy a las marchas. Y entonces ese día, yo me integré a la marcha ahí en Símbolos Patrios esquina con Avenida Universidad.
Se supone que la marcha era pacífica. Bueno pues, yo digo que así fue porque en ningún momento yo vi que llevaran palos o cosas así. Llegamos al zócalo y nos fuimos a Santo Domingo porque ahí había unas personas que estaban dando de comer. Entonces ahí, mis papás comieron un poquito, un poquito de arroz que estaban regalando. Ya de ahí bajamos sobre, sobre... la calle donde está el hotel Camino Real, ahí en esa calle. Ahí estuvimos, ahí nos sentamos, al plantón, se supone, ¿no? De repente llegó un compañero de una calle de al lado, donde decían que los policías les estaban aventando canicas y balas de goma.
cciodh: ¿Qué policía?
t: La Policía Federal Preventiva. Pues nosotros nos asustamos pero no decidimos abandonar. Y entonces fue cuando… cuando ellos iniciaron la agresión. Nos empezaron a aventar… a aventar gas y esas cosas. Y entonces, el gas ahoga muy, muy feo. Y pues lo que nosotros hacíamos era replegarnos. Hacíamos hacia atrás, nos alejábamos de ellos ya que se iba el gas ya regresábamos otra vez, porque nuestra intención no era, este, no era caer en la provocación. Bueno, entonces así estuvimos y ellos… ellos seguían haciendo y empezaron a avanzar, y empezaron a capturar a varios compañeros. Pero aún así nosotros no cedíamos, seguíamos ahí en el lugar.
cciodh: ¿Esto fue después de que acabase la marcha?
t: ¡Ahá! Porque la marcha consistía, en, según... rodear, plantarnos en las calles cercanas al zócalo. […] y entonces empezaron la agresión, pero nosotros… pues ¿con qué? Ellos vienen, con sus botas, con su chaleco antibalas, con su escudo, con su tolete, su casco (un montón). Pues nosotros, ¿qué? Nomás con las manos, así. Lo que yo hacía era de que, yo tenía... Había conseguido un guante de esos de cuero, y todo lo que yo hacía era de que cuando aventaban ellos una... un proyectil de esos de gas, pues yo corría, lo alcanzaba y aventaba el gas al techo, a los techos de los edificios para que a la demás gente no le afectara mucho, no, el gas. Y bueno, así estuvo, así estuvo por 2 horas y media, 3 horas. Ya que empezó a oscurecer como a las seis y media, siete, entonces fue cuando ellos avanzaron completamente. Avanzaron y nos rodearon a las personas que estábamos ahí cerca. Algunos alcanzaron a escaparse y correr pero muchos no. Entonces ahí fue cuando ya me agarraron. Iba con una amiga, iba con mi mamá. O sea como prueba, por ejemplo, de que era pacífica yo iba con mi familia. O sea si hubiera sido...
cciodh: La detención, ¿quién la llevó a cabo?, ¿quién te detuvo?
t: La PFP, la PFP, porque… Era pacífica porque yo iba al costado de mi familia. Si yo fuera a golpear o algo así me voy yo solo. Pero no quisiera... iba mi hermana, mi, mis dos papás (mi papá, mi mamá), dos tías, tres de mis primos. Éramos toda la familia. Y ya que ellos avanzaron, pues entonces yo estaba... Empezaron a disparar muchísimo gas, tanto que no se veía, pues, donde uno caminar y como mi mamá se empezó a ahogar y mi amiga se desmayó, ya lo único que hice es amarrarle el brazo a mi mamá y abrazar a mi amiga un poco y cargarla tantito. Y entonces, donde había aire fresco pues era donde estaba la policía. Y entonces, dije, ¡ni modo! Ya nos vamos a entregar. Yo pensé a lo mejor si nos entregamos no nos van a golpear, si no resistimos... Bueno, me acerqué por ahí y había un poco de aire fresco pero en eso llegaron ellos. Y entonces a mi amiga la empezaron a jalar del brazo así bien feo y yo no la quería soltar, quería yo seguir con ella, pero ellos la jalaron bien feo. Ya mejor... o sea que decidí soltarla porque le iba yo a lastimar el brazo, y ellos también por jalarla y yo por agarrarla. Entonces ya mejor decidí soltar. Y cuando la solté fue cuando me empezaron a pegar a mí, me empezaron a patear, con sus toletes empezaron a golpear en la cabeza. Como pasaban ahí corriendo, pasaban y me pateaban y me gritaban de groserías. Y luego, es más, mi mamá, mi mamá estaba por ahí cerca y mi mamá gritaba que no me pegaran por favor, que era... que yo era su hijo. Y entonces a mi mamá le gritaban, ‘cállate, pinche vieja’, que no se qué. Y entonces me seguían pegando. Ya ni sentía yo los golpes, sino que ya nomás cuando me pateaban así en la cabeza, nomás veía así como un flash de una cámara. Ya no sentía, pues. Pero nunca me tiré al suelo porque no me quería... Yo creo que lo que ellos querían era tirarme, pero yo aguanté. Y lo más que hice fue de que me patearon en las rodillas y entonces, doblé las rodillas y quedé hincado. Pero ya después me volví a levantar pero nunca me tiré frente a ellos. Entonces ya fue cuando me sometieron, me agarraron de la cintura, de… del pantalón, del cinturón, y entonces me agacharon y así nos llevaron al zócalo...
Al principio, nada más nos llevaron así, nos agarraron del cinturón y nos llevaron caminando hacia el zócalo. Ya cuando nos llevaban me dio mucha tristeza porque vi que llevaban a toda mi familia. Estaban allí dos tías, mi amiga, mi prima, mi mamá. Todos íbamos detenidos. Nos iban pegando, nos iban diciendo de groserías. A las mujeres las iban agarrando de su cabello, porque a ellas les, este, las agarraron igual del cinturón pero con la otra mano les agarraban de su cabello, les dieron así una vuelta y las iban jalando así el cabello. Yo no sé, no sabía que hacer. Tenía tanto coraje, porque ellos como se portan con nosotros también son malos, sí,... mucho coraje, no es lo mismo platicarlo que verlo. A un hombre pues a lo mejor sí, según... pero a una mujer o a una mujer ya grande. Creo que para ellos es como... no tienen estudio de la pena, del dolor, lo que les enseñan es a golpear. Esto está mal, está mal... Como tratar a la gente así, a golpes y ya estamos en otros tiempos. Entonces ya nos llevaron caminando hacia el zócalo y, en el zócalo, en el trayecto, como estaba lleno de policías... los policías que estaban cerca se acercaban nada más para golpear a todos los que íbamos, a las mujeres también. Se acercaban y con su tolete: ‘¡órale!’ que ‘aliviánate’, dice. Entonces ya, cuando llegamos al zócalo, al lado del hotel El Marqués, ahí nos tiraron. Yo vi que ya habían como unas 15 o 20 personas que ya estaban detenidas, pero las amontonaron, así como si fueran piedras, como si fueran costales, o sea, una bolita de personas. A mi llegaron, y que me levantan y que me avientan, así, hasta arriba del montón. Y ya más arriba siguieron llegando. Lo que yo pensaba en las personas que estaban abajo... A mi me tocó más o menos arriba… arriba de mi nomás quedaban como 2 personas, pero abajo yo creo que ya eran un montón... un mar de personas.
Después, allí ya vi que se llevaron a mi mamá y a mis tías y a mi amiga para otro lado... entonces allá había policías... bueno, había mujeres que yo supongo que eran policías pero iban vestidos de civil. Estaban entre nosotros que también se dedicaban a agarrar a mujeres vestidos de civil... Se me hizo raro que estaban con nosotros ahí, bien, y de repente se voltearon algunos y en lugar de ayudarnos nos empezaron a agarrar. Y nosotros, ¿con que nos defendemos? Ya después, así, amontonados, estuvimos como una hora, como una hora estuvimos. Estuvo más o menos porque ese día hizo muchísimo frío. Estaba aquí enfrente, feriándose qué cosa y hacía muchísimo frío, pero ahí no sentí mucho frío porque como yo estaba abajo de otras personas... Después de una hora nos empezaron a acomodar. Ahí hay un patio grande, una explanada y ahí nos formaron, nos acostaron, […] tirados en el suelo y las manos sobre la nuca. No nos dejaban ni siquiera que el cachete tocara el piso, sino que la frente hacia el piso. Nos acostaron bocabajo completamente y si nos movíamos nos pegaban. A mi igual ahí me tocó, más o menos, casi de los del medio, pero a los que estaban a las orillas les escupían, les decían de groserías, los pateaban. Yo no... pero lo escuchaba porque cuando los pateaban se quejaban. Entonces, si se quejaban les pateaban más, y luego les preguntaban: ‘¿Te dolió?’ Y si decían que sí entonces decían ‘pues toma otra’, y si les decían que no les había dolido, les decía que ahí le daba otro para ver si este si te duele. Y luego ahí nos quitaron nuestros zapatos, y ahí cansados y amontonados nos robaron nuestras cosas, porque yo traía un cinturón, traía mi teléfono celular, mi cartera, traía una cadenita que me había regalado mi mamá. Ni siquiera valía mucho para ellos, pero yo la cargaba, la tenía porque mi mamá me la había regalado, pero ellos son tan hambres que hasta esto se llevaron. Lo que no me vieron era mi reloj porque traía una playera de manga larga, y no lo vieron... Éste me lo regaló mi primo cuando salí de bachiller, pero no se lo robaron. De todas mis demás cosas sí: me metieron la mano en las bolsas y todo. Yo traía el dinero porque íbamos...(ahora no me acuerdo de lo que íbamos a hacer...), lo que pasa es que íbamos a hacer los 15 años de mi hermana, entonces...eso ya se canceló...ya fue...ya se fue, se perdió. Robaron mis cosas, robaron mi cinturón y luego nos quitaron los zapatos. Y cuando estábamos formados todos ahí... nos pateaban a cada rato en la planta del pie, ellos con sus botas de castilla, así nos pateaban, pues, pero pateaban fuerte y a cada rato. Iban pasando uno por uno, uno por uno. Y decían ellos ‘no te duermas’, y entonces decía ‘no estoy dormido’, y me volvían a patear y así a todos, pues.
cciodh: ¿Eso a qué hora era? ¿Después de la marcha?
t: Después de la marcha, ya en la nochecita,... yo creo... ocho y media, más o menos, supongo, pues, porque no vi mi reloj, porque si lo veo ahí me lo quitan igual. Así me estuvieron pateando... y luego pasaba un policía de ellos, que se agachaba y nos decía al oído, nos decía ‘enséñame para qué vienes a esto’ dice, ‘mete eso en la cabeza’ y nos daba unos cocos. Decía que los pobres siempre vamos a ser pobres y los ricos siempre van a ser ricos, y que yo ya debería de dejar de estar peleando. Independiente de eso, pues, nos amenazaban. Ya después, ahí estuvimos tirados como dos horas, y ahí ya si, tenía mucho frío, tenía mucho frío... Yo trataba de aguantarme pero había otras personas que temblaban de frío, y entonces llegaban, y ‘qué estás temblando’, y les pegaban, les pegaban. Y ya después...
[…]
t: Entonces, nos iban ahí pegando. Nos subieron, luego, a una camioneta. Había unas camionetas que eran normales, no eran camionetas de policía, y había unas que sí eran de la Policía Federal Preventiva, esas blanco con negro, pero había muchas camionetas que eran normales. Había una... alcancé a ver una camioneta roja. Entonces la camioneta que me subió era blanca, pero... así de doble cabina, no tenía nada de policía, ni número, ni nada, pues, no tenía ni torreta... se veía como... una camioneta normal. Entonces ahí me subieron... Hubo personas que tuvieron suerte, a lo mejor porque las amontonaron igual en la camioneta iban hasta abajo... Todos los de abajo iban calientitos, y no tenían mucha oportunidad de pegarle los policías, pero los de acá arriba sí. Entonces ahí sí me fue mal porque a mi me tocó en una camioneta donde sólo me subieron a otra persona y a mí, otro muchacho de 23 años... dos personas, cuidando seis policías, o sea tres en cada lado. Entonces policías comenzaron ya a pegar, nos pateaban... se subían en nuestra espalda y brincaban, decían ’ay, no alcanzo a ver allá, ay, voy a subir aquí a ver si alcanzo’. Entonces subían a nuestra espalda y entonces empezaban a brincar. ‘No’, decían, ‘no alcanzo, a ver ¿tú?’ y así pasaba. Nos iban amenazando de que nos iban a violar y que no sé qué, que ya nadie nos iba a encontrar. Y como la camioneta era muy chica nuestros pies se salían, no cabíamos ahí y como íbamos muy rápido. Bueno a mí se me durmió de la cintura para abajo, ya no sentía los pies. Pero aún así ellos nos seguían pegando, todo el camino. Fue como… fue como dos horas igual. Como dos horas, dos horas y media que nos tuvieron paseando no sé por dónde y que nosotros íbamos boca abajo. Entonces ahí nos iban pegando, nos pegaban en la espalda. Lo que a ellos les gustaba era, de repente, pisarnos... porque como nos pisaba se salía el aire de los pulmones rápido y entonces a ellos les daba risa, y seguían amenazando que nos iban a violar, que nos iban a desaparecer, que nos iban a tirar a una barraca que estaba muy honda para que no nos encontraran. Nos decían ‘ahora’, dice, ‘a ver, ahora dónde están tus dirigentes para que vengan a salvarte… ¿cuánto te pagaban? ¿Cuánto te pagaban dice, para ir ahí?’, y entonces dice... ya después de todo que nos decían. A mi me empezaron a retocar. Ellos... empezaban, este, me agarraban las pompas y cosas así. Me decían ‘ay, este, este es nachudo, ¿se te antoja?’, ‘sí’, decía el otro, ‘pues entonces empieza ya a bajarle el pantalón’, dice. Luego, con su tolete igual nos picaban en todo el cuerpo. Y así pues, así fueron dos horas y media. Ya de ahí después llegamos al penal de Talcolula. Yo no sabía que estábamos ahí, ya después me enteré...
cciodh: ¿El traslado que os hicieron fue, desde que os detuvieron en esa camioneta, hasta el penal?
t: Sí, pero de aquí a allá son como... cuarenta minutos de acá a Talcolula. Pero yo no sé, nos tuvieron paseando porque es más cerca. Pasamos por caminos de terracería y, francamente, no sé donde fue porque como nos tenía sometidos, y íbamos abajo, y, es más, ellos que iban con su chaleco, con su tallera, con su chamarra y todo eso. Ellos iban temblando de frío, luego imagínese nosotros que nomás llevamos un pantalón y una playera. Y si temblábamos nos daban con su tolete, nos pegaban en las espinillas porque según ellos, nos decían, que con eso nos iba a dar calor. Fue mal peor para mi compañero, porque el otro que iba al lado de mi, creo que todavía no ha salido. Pero, o sea, bien recuerdo que él decía que vivía en El Rosal, en la calle Puchacón, y entonces, yo vivo en el Rosario, pues, no cerca de esa calle, pero en El Rosal, entonces por eso me cagué más o menos, pues éramos vecinos. Él como tenía mucho miedo, pues..., yo también tenía miedo pero yo me aguantaba porque yo sabía que el Gobierno es así. Que si yo participaba en las marchas algún día me tenía que pasar algo así. Pero él no sé, no sé a qué fue, no sé cómo llegó. Es cierto que le decía a los policías que no, que por favor lo dejaran, que lo soltaran, que solamente él, que solamente… estaba... había ido por sus vecinos, que estaban chiquitos, que no sé qué. Y entonces más le pegaban, más le pegaban. Porque yo supongo que lo que ellos pensaban era de que bueno, pues ya te metiste acá llorando al de chillón, y le pegaba más fuerte. Pues había veces que por su culpa, de que el estaba... dice, de que él era inocente, de que lo soltaran, que no sé qué, y a mi también me tocaba más golpizas.
Cuando llegamos allá, al penal, nos bajaron pero, como nuestros pies.... Íbamos acostados y nuestros pies no daban en la camioneta, iban salidos, y teníamos tanto frío que cuando me bajaban a mí, no...,sí puse los pies en el suelo pero no pude apoyarme. Y entonces me agarran y que me avientan. Y me dijeron que... ¡Ah! bueno, antes de que me aventaran me dijeron que si yo metía las manos me iba a ir peor, entonces lo único que traté de hacer, pues, de lado... Porque si yo metía las manos cuando me aventaban me pegaban más fuerte. Y entonces nomás, ellos se burlaban, se reían. Al otro muchacho sí le fue más feo porque a él le aventaban desde arriba. O sea se subió a la camioneta y lo levantó y le dijo ‘ahí te vas’ y entonces el otro le dijo ‘échamelo’. Pero ya cuando iba en el aire el otro se echó para atrás y dijo; ‘¡Ay! no lo caché, no lo caché. No lo agarré, se me escapó’. O algo así dijo. Y entonces cayó hasta el suelo y se escuchó como sus rodillas o no se que huesitos pegaban en el suelo. E íbamos descalzos. Pero aún así, pues ya, yo dentro de mí pensaba ‘pues ya aguanta otro poco más, ya vamos a llegar a la celda’. Yo supongo que ahí ya me sentía más tranquilo porque jamás había estado en la cárcel, jamás, nunca, nunca. Es la primera vez. Es más nunca he tenido problemas de ese tipo, ni que me llame la atención la policía porque soy, este, escandalizo... No, no, nunca. Nunca, nunca, nunca, nunca. Y entonces, yo decía: ‘Aguanta otro poco ¿no? Que ya vamos a llegar, aguanta, aguanta’. Entonces, aunque me dolían los pies porque los traía entumidos, pues aún así, no se de dónde saqué fuerzas. Ya caminé tantito porque ellos igual otra vez nos agarraron, lo mismo, del cinturón y con la otra mano nos iban agachando la cabeza. Entonces ya llegamos y ya se hizo una fila. Estaban haciendo una fila para entrar uno por uno.
cciodh: Había el resto de la gente...
t: Sí, ya ahí, y otros que seguían bajando. Pero a las mujeres ahí ya no las vi, ya no las vi. No sé si ellas pasaron primero o después, porque sí ya platiqué con mi mamá y mi tía pues, pero no saben, pero creo que ellas entraron primero. Entonces, ahí entramos. Cuando íbamos entrando, ahí había unos que los sentaron y entonces, este, a los que sentaban, cada vez que avanzaba la fila y tenían ellos que avanzar, les gritaban ‘¡arrástrate, arrástrate! ¡Como perro que eres!’. Y nos pateaban con sus botas que traen, en la espalda.
cciodh: […]
t: Sí, ahá. Entonces, ya empezamos a avanzar. Ya cuando llegó mi turno, había una persona que nos estaba grabando. Entonces teníamos que levantar la cara y decir nuestro nombre. Y esa persona que nos estaba grabando también estaba hablando por celular. O sea de que alguien ya estaba recibiendo los nombres de las personas que estaban entrando ahí. Bueno ya entramos, entramos al penal. Igual me llevó ese señor... un policía que no se si le dio lástima o no sé, pero ya no se portó tan mal. No me decía nada, pero ya íbamos caminando despacio, porque ahí como hay como gravita y nosotros íbamos descalzos…
cciodh: ¿Qué policía era?
t: Creo que de estos azules, creo que Policía Preventiva, creo. Sí, creo que resguardan el penal. Entonces ya no me dijo nada, ni me llevó corriendo ni así feo. Y ahí ya como que descansé tantito. Por fin encuentro una persona buena. Y bueno, pues ya nos sentaron adentro del penal. Nos sentaron ahí, a todos, este, nos formaron y nos sentaron. Teníamos que estar con la cabeza entre las rodillas, sentados. Y ya después que entraron todos, pasaron lista, pasaron lista para chequear que todos los que estaban ahí estaban. Y entonces ya que pasaron lista, otra vez... no sé ahora qué policías nos llevaron a la celda pero esos policías igual nos trataban feo, porque a mí me iban pisando los pies. O sea, otra vez nos agarraron de la cintura, del pantalón, del cinturón, y con la otra mano me agachaban. Y cuando íbamos caminando me iban pisando los pies. Y entonces, cuando venía otro policía de frente me aventaba contra el otro policía, pues me recibía con un golpe. Entonces ya sí subimos hasta que llegamos a la celda. Ya en la celda ya vi que había unos compañeros.
[…]
cciodh: ¿Eran celdas individuales? ¿Estaban solos?
t: No, estábamos en grupo en las celdas. Creo que eran como para 5 personas porque había 5 camas, hechas de cemento, eran como literas. Y sólo había 2 colchonetas y adentro éramos 4 personas. Allí, como desde antes de que me agarraran yo tenía ganas de hacer pipí, pero como no quería decirles a ellos porque qué tal si me pegaba, entonces me aguanté. Bueno ya llegué a la celda, ya me fui a hacer pipí, ya los demás se fueron al baño y todo eso. Pero, pues no había agua. Así se tuvo que quedar. Lo que pasa es que esos edificios son nuevos, o sea todavía no están funcionando bien, porque no hay agua en la regadera, ni en el lavabo, ni mucho menos en el baño. Así se tuvo que quedar, los dos días que estuvimos. Y pues ni modo de aguantarse. Después cuando llegamos ahí no nos dieron ninguna cobija, sino que así nada más. Nosotros como teníamos tanto frío, hacía tanto frío, que tuvimos que dormirnos los 4 en una sola cama, sentaditos todos, y lo más pegados que se podía. Pero ni aún así, no se podía, pues, tanto frío. Y como eso está todo ventilado, no tiene ventanas, ni nada, pues ni modo, así tuvimos que estar. Y estuvimos hasta... el día siguiente ya me desperté. Yo estaba muy preocupado por mi familia, pues. Y entonces, ya en una celda de enfrente vi que estaba mi primo, entonces ya empecé a platicar con él, porque yo tenía mucho miedo por mi papá, porque mi papá es maestro. Y yo veía que a las personas que decían que eran maestros les pegaban más feo, más feo. O a las personas que decían, que eran a la universidad, más feo les pegaban. Yo soy estudiante, igual, del tecnológico pero a mí no me pegaron muy fuerte, bueno, cuando preguntaban nombre y oficio. Y entonces ahí estuvimos... Ya en el día, no pasó nada, seguíamos ahí. Pero teníamos nosotros mucha hambre, porque al menos yo, el día anterior nada más desayuné y de ahí me fui a la marcha. Entonces no había comido, ni cenado, ni nada. Y ya en la tardecita, ahí en el penal de Tlacolula, como a las tres creo, fueron a darnos de comer. Teníamos que bajar y agarrar nuestra charola, nuestra charola y un vasito de agua. Ahí era, pues, un puñito, no sé, de huevos que habían hecho ahí, no sé de donde salieron, pero nos dieron huevos. Y un vasito, más chico que éste, de agua. Y entonces, como yo tomo siempre mucho agua, cuando como no puedo comer si no tengo agua, dije ‘¿Y ahora que voy a hacer con tan poquita agua?’. Entonces, como ahí había varios vasos, busqué el vaso que estuviera más lleno. Busqué el vaso más lleno y que lo agarro, ¿no?, y dije... y vi el garrafón de agua que estaba allí y entre mí pensé: ‘¿Y si pido más?’. Y dije, pues, a mi modo: ‘Voy a acabar toda mi agua que tengo aquí y voy a pedir más, y si me dan bien y si no...’. Ya me acabé mi agua. Me tomé mi agua de dos tragos y ya se acabó mi agua, y fui y pedí más agua. Bueno, y yo no le pedí al policía le pedí a la cocinera, y la cocinera me dijo que sí. Y ya dije ‘qué bueno’, y ya fui, me serví más agua y ya me regresé porque el policía decía ‘rápido, rápido!’. Entonces, ya me fui con cuidado para que no se me fuera a caer mi comida ni mi agua. Ya regresé, porque mi celda estaba en un segundo piso. Ya me regresé y ya nos sentamos a comer.’
cciodh: ¿Comíais en la celda?
t: Sí, en la celda. Entonces ya empezamos a comer y, pues, bien rápido se acabó eso, porque no era nada. Y ya me tomé mi agua, y ya más al ratito bajamos a dejar nuestros trastos. Y ya de allá no nos volvieron a dar de comer. Ya llegó la noche. Ya en la madrugada llegaron, este, el Ministerio Público con una abogada de oficio, entonces...
cciodh: De madrugada…
t: En la madrugada, como a las once, doce. Era como a las doce, porque ellos tenían tanto frío que estaban con sus chamarras, sus pantalones, y estaban temblando de frío. Y nosotros con la pura playerita y un pantaloncito y descalzos. No sé, yo creo que cuando uno duerme con los pies fríos no se puede dormir. Yo no podía, ni mis compañeros.
Entonces ya bajamos y según nos tomaron nuestra declaración…
cciodh: ¿Con el abogado delante?
t: Sí estaba delante. Pero él no decía nada. Y aparte estaba lleno de policías. ¿Cómo puede uno decir la verdad si…? No se podía. Además el abogado de oficio parecía que no le interesaba, nada más estaba ahí por estar… Pero pues no hacía nada, ahí estaba como si… estuviera él o no estuviera daba igual, porque la que ponía atención a lo que yo decía según era la gente del ministerio público. Pero a mi no me gustó porque la abogada de oficio nada más nos ilusionaba. Nos decía: ‘no te preocupes, si tu no hiciste ningún daño, si no causaste ningún problema, no te preocupes, al rato ya vas a salir. Sólo con que cuadre tu declaración con la de tu mamá, la de tu amiga, y al rato no hay problema’.
cciodh: Estas hablando de que el Ministerio Público fue el domingo por la noche.
t: Ahá, si el domingo por la noche. Y ya después de eso ya nos regresaban. Después de que declarásemos.  […] Y después ese papelito que nos daba el médico, lo anexaban al expediente. Entonces ya, según nos subimos a dormir.... Pero entonces, como a las 6... O sea eso lo hicieron porque ya como a las 6 estaba previsto el traslado, pues. Y nosotros pensábamos: ‘¿Y porqué a esta hora?’. Porque nos teníamos que encuerar ahí, en el frío, y todavía quitarnos la poca ropa que teníamos para que, según, nos chequearan.
Pero no nos dijeron, pues, como lo íbamos a hacer, ni que... nada pues. Es más nos dieron esperanzas de que íbamos a salir. Y ellos bien que sabían, pues. Desde un principio nos hubieran dicho ‘os vamos a trasladar al penal de Nayarit porque no se que...‘. Pero nada nos dijeron. Y ya nos subieron a los autobuses...
cciodh: ¿Os subieron a los autobuses y de ahí os llevaron a…?
t: Nos sacaron y entonces esperaron que entraran los otros autobuses, porque los... porque éramos como 100 personas más o menos. Ahí en ese momento eran como 75 hombres y 14 mujeres o 16 mujeres, o algo así. Escuchaba que ellos platicaban, pues. Y bueno, ya nos llevaron, y ya cuando nos empezaron a trasladar ya había amanecido, ya había sol. Y entonces vi como nos llevaban, como nos sacaban de ahí, y entonces ahí ya vi que sí era Tlacolula. Nos salimos, pasamos por Tlacolula, pasamos... es más pasamos por... el convoy pasó por el centro, pasó por el centro, todo por el centro se fue. Y yo pensé que nos íban a llevar al zócalo, pero no, no nos llevaron al zócalo, nos llevaban al aeropuerto.
cciodh: ¿A qué aeropuerto?’
A la base aéra militar. Ahí nos llevaron, porque… ahí conozco porque fue donde fui a hacer mi servicio militar, ahí fui. Cuando regresé… pero ya regresé preso. Ya nos metieron al aeropuerto. Los tres autobuses se estacionaron hasta la pista, hasta la pista de aterrizaje, porque allá estaba el avión. Ya tenía prendido los motores y ya había gente ahí. Entonces ahí, a pesar de que nos bajaron, otra vez nos empezaron a tomar lista para que nos formáramos y según la lista nos iban subiendo. A pesar de que traíamos los cinchos en las manos, todavía nos esposaron otra vez. Pero ahí si me dolió mucho porque me esposaron, aquí entre este huesito, no se como se llama, y la muñeca y me apretaron bien fuerte las esposas. Entonces ya en el camino, ya sentía yo mal mis manos, ya las veía moradas.
cciodh: ¿Ibais en un avión?’
t: Sí, nos subieron. Igual antes de subir al avión teníamos que levantar la cara, y otra vez la cámara y decir el nombre fuerte. Y ya otra vez, otra vez nos agachaban a la fuerza. Lo mismo, parecía que éramos, este, no sé... los más peligrosos terroristas del mundo, no sé... ¡horrible! Así bien feo, pues, bien denigrante. Nosotros somos personas normales y nos trataban como si de veras fuéramos no sé que tipo de gente. Y bueno, ya nos subieron al avión y en el avión teníamos que ir agachados todo el tiempo. Y cuando nos pusieron el cinturón, las manos las teníamos que pegar a las piernas, y entonces, sobre nuestros brazos iba el cinturón, para que no fuéramos a sacar las manos o algo así. Y nos agacharon, y todo el camino teníamos que ir agachados. Mi compañero de al lado, porque son tiras de tres asientos, el de al lado, este, como es una persona así medio gordito, ya no aguantaba, pues. Me sentía mal por él, porque todo el camino se fue rezando. Porque... ellos eran bien malos, no sé porque son tan así, si ya nosotros... Lo que yo pienso es de que ya estamos bajo custodia ¿no?, pues ya, ya nos tienen ellos. Claro que ni me cabe que me suban al avión, lo normal, pero no, nunca fue así. Y entonces, ya que llegamos allá... En el avión igual siempre iban armados, es más, ni siquiera se sentaban, despegó el avión y aterrizó y ellos nunca se sentaban, ni se abrochaban el cinturón ni nada. Siempre iban así pues, listos para dispararnos, yo creo, si alguno nos movíamos. Bueno, ya que llegamos allá, allá... Bueno yo no sabía, yo pensé nos habían llevado al aeropuerto de México para llevarnos al tribunal de la Haya o algo así. Nunca me imaginé que hasta allá, hasta Nayarit. Bueno, entonces ya llegamos allá y como que entre ellos platicaban ‘¡ay!’ dice ‘¿dónde es aquí?’, ‘no sé’, dice, ‘creo que es Nayarit’.
Yo pensé que estaban jugando como cuando nos habían asustado... creo que Nayarit, decían, pero no le tomé importancia. Ya nos bajaron. Y otra vez... nos bajaron así bien feo. Y a propósito creo que ponen, las turbinas del avión: jjjjjjjjj! Y nosotros bajando, igual levantando la cara y diciendo nuestros nombres, gritándolo, porque como están las turbinas ésas. Entonces... igual yo nunca vi el aeropuerto porque nunca me dejaron voltear. Simplemente me agacharon, pero para que pasáramos a la cámara me quitaron las esposas, pero se quedaron los cinchas. Entonces ya llegamos y nos empezaron a subir a otro autobús, pero en ese autobús me empujaron tan fuerte que ahí si tuve que poner las manos, sino me iban a pegar en la cara con el autobús. Me pegaron tan fuerte que los cinchos se zafaron, pues, uno de los cinchos se abrió. Entonces, ya... pues ‘ay’, dice ‘ya rápido’, dice... y como me asusté, rápido traté de jalarale con mis dientes y el cincho para que se volviera a su lugar. Entonces dio cuenta a uno de sus colegas: ‘ay’ dice, ‘mira, este güey no viene esposado’. Y que me pegan, en la cabeza. Entonces ya me esposaron otra vez y ya que me vuelven a apretar. Yo ya traía la mano morada y no tuvieron compasión, otra vez bien apretada. Ya nos subieron al autobús y en el autobús teníamos que tener las manos... Bueno nos revisaron, antes que subiéramos al autobús nos revisaron otra vez. A los que traían un poquito de dinero o algo así, se lo robaban, otra vez. Había una persona que todavía tenía un teléfono celular y que le pegan bien fuerte. Escuché pues como se quejaba el señor, le pegaban bien fuerte. Con nosotros iba un cubano. Entonces... al cubano más le pegaban, porque el cubano, no se… Ellos decían ‘¡silencio!’, y entonces el cubano decía ‘no, pero que yo no tengo nada que ver, que yo vengo de una hacienda. ‘¡No! ¡Silencio!’, y más le pegaban pero el cubano nunca se callaba. No me acuerdo cómo se llama. Ya después supe que ya después nos liberaban. Pero ya que nos subieron allá teníamos igual nos teníamos que meter... agacharnos completamente, ya que... teníamos que estar agachados completamente con la cabeza entre las rodillas. Y otra vez me tocó junto al gordito. Y, pues, pobre gordito no aguantaba, a doblarse completamente. Yo sí, como estoy flaco, pues si me acomodaba bien, pero él no aguantaba. Y en el camino les decía ‘oficiales, ya no aguanto’, ‘anda cállate, que no sé qué’, y le pegaban, con el puño así cerrado nos pegaban en la espalda o en la nuca. Y así nos fueron pegando todo el camino. Duró como media hora, del aeropuerto al penal. Y entonces, nos iban pegando todo el camino, y según ellos se ponían... decían: ‘Ah! Mira, estos son los que… los que les andaban aventando piedras a los BP porque...’. Y nos pegaban. Y luego entre ellos se decían... ellos hacían la voz, decían..., ‘¡oficial Portas!‘ Y entonces decía ‘¿quién me dijo eso?’, se volteaba el otro, ‘él fue, él fue’, dice. Y llegaba y pssshh, le pegaba. Y así se decían, todo el tiempo. Entonces eso ya eran custodios del penal de Nayarit. Y nos iban amenazando de que ahí nos íbamos a morir... ‘Desespérese’, decía, ‘esto es sólo una prueba, llegando al penal van a ver lo que les va a tocar’. Y entonces nos iba pegando. Y luego ellos decían ‘vamos a practicar nuestras clases de música’ y nos empezaban a golpear en la espalda. Nos golpeaban en la espalda como si fuéramos un tambor. Y luego, yo por ejemplo, traía una playera de Brasil, de Ronaldo. Y entonces, sólo porque traía esa playera me empezaron a pegar a mi también, porque, me dijeron, yo no tenía que usar esa playera, que no sea malinchista, que la playera que yo tenía que usar era de un jugador mejicano que se llama Cuauthémoc Blanco. Entonces me volvieron a pegar. Y ya que llegamos…
[…]
t: Cada vez que pasábamos al frente de uno, nos daba un golpe o un rodillazo en las piernas o... Y nos aventaban. A mí, en la esquina del autobús, uno me empujó tan fuerte que me salí de la fila y fui a chocar con la puerta de la aduana. Pero igual me asusté, así me pegué [contra la puerta], pero me asusté más porque dije que me iban a pegar porque van a pensar que me quiero escapar o algo así. Y entonces ya me regresé rápido y me integré otra vez a la fila y no me dijeron nada. Pero me siguieron pegando, pues, ya que...Ya después nos formaron en la pared y teníamos que estar hincados, hincados pero a la vez con la cabeza entre las rodillas. Ahí, pues, nos tuvieron, yo creo que como media hora. Y lo que pasaba, pues, uno por uno, a la revisión. A la revisión para, no se, pues porque no alcanzaba a ver. Y entonces a mi se me durmió una pierna de tanto estar así, y entonces cuando me levantaron sólo pude poner una pierna, y yo me dije, ay, me van a pegar. Aunque me dolía muchísimo, y, bueno, la estiré, empecé a caminar, porque me llevaba, otra vez el custodio igual pero me agarró de la cintura y me agachó la cabeza. Ya que llegamos, ahí, en este, unos... no sé, era la misma aduana, pero nos empujaban contra la pared. Y ya entonces ahí, nos pusieron las manos atrás, teníamos... ¡Ah!, no, las manos sobre la pared así. Y entonces todavía el policía ese me empujaba contra la pared y mi cuello lo empujaba con su codo. Y entonces ahí era donde me gritaban: ‘estás entrando a un penal federal, dice, no puedes contestar nada, sólo lo que te pregunten, dice, y vas a contestar con sí señor y no señor’. Pero gritando, pues. Es más, ya había gritado a tantos que el custodio que me gritaba se le salían sus gallos, pero aunque me diera risa no podía reír. Pero sí había muchos que estaban llorando. Es más cuando me tenían a mi ahí, de rodillas, estaba lleno de perros. Entonces un perro me estaba ladrando, aquí en la oreja. Sentía como de repente me agarraba la oreja, pero sí sentí todas sus babas. Y ‘guau, guau, guau’, de esos perros negros y grandote, gordote. Lo que sí era que me agarraba la ropa, a veces, me agarraba la ropa y me la empezaba a sacudir, pues, a jalonear. Y más, como yo no hacía nada, el perro, el perro se aburría, yo creo, de ladrarme, y se sentaba. Y entonces, el custodio que llevaba el perro lo regañaba y lo pateaba y lo agarraba así de los cachetes, lo asustaba para que se enojara y otra vez me empezaba a ladrar el perro. Pero lo bueno es que nunca me mordió. Porque a mi me da mucho miedo los perros, porque yo cuando tenía 7, 8 años me mordió un perro. Entonces a partir de esa fecha me dan muchísimo miedo los perros. Pero aunque me diera miedo, yo, ¿qué podía hacer? Ya nos jalaban, ya nos estaban diciendo eso de que estábamos entrando a un penal federal, que no podíamos de hablar, sólo lo que se nos preguntara y contestar con sí señor y no señor. Ya de ahí me dieron una bolsa, me dieron una bolsa, y me dijo ‘deposite todas sus pertenencias de valor que traiga’, pero ya qué, lo único que fuera, mi reloj. Ya qué cosa tenía ¡pues! Nada… ya deposité ahí mi reloj, y ya entonces... avancé tantito sobre la pared, porque ahí era como un, como un almacén, pues, muy grande. Y entonces, nomás, avancé tantito, y así, nos tuvimos que quitar ya fuera la ropa. Dice ‘quítate toda la ropa y la echas en la bolsa’. Y entonces ya, aunque me diera pena, no sé, o que estuviera toda la gente ahí, me la tuve que quitar. Ya me quité mi ropa y la eché ahí, y entonces, ya según el médico, ya me dijo que estaba ahí viéndolo, ya me dijo que extendiera las manos, que me diera la vuelta, que me diera la vuelta, para vernos como estábamos físicamente.
Ya de ahí nos dieron nuestro uniforme. Pero el uniforme que me dieron estaba todo grandote, para un gordote. Me tocaron unos calzonzotes que ni me quedaban. Luego el pantalón, igual estaba muy grande, ni siquiera me quedaba. No, no... me lo tenía que yo ir agarrando con la mano porque se me caía. Ya de ahí otra vez, agarré mi bolsa donde eché mi ropa y mis cosas de valor, pasé, hay un escritorio donde tenía que poner... dije no, pues aquí traigo un pantalón, una playera y las cosas de valor que trajera, mi reloj nada más. Ya lo di, lo eché en un sobre, ya le puse mi nombre, lo guardé en la bolsa, y ahí dejé mi bolsa y ya. Salí yo de la aduana y me llevaron a otro lugar donde me cortaron mi pelo y entonces teníamos que rasurarnos, también. Pero... nos metían en un bañito que estaba ahí cerca, pero en ese baño había un rastrillo [maquinilla de afeitar] que estaba bien sucio, porque quién sabe cuantas personas ya lo habían ocupado, hasta sangre tenía.
cciodh: ¿Sólo un rastrillo?
t: ¡Sólo un rastrillo!
cciodh: ¿Había que usar el mismo?
t: Sí, había que usar el mismo. Pero a mi me daba miedo que de todas esas personas que había ahí había alguna enfermedad. Me rasuré, estaba ahí, había que estaban gritando ‘¡apúrese que está muy lento! ¡Apúrese, apúrese!’ y que no sé qué. Están grita y grita, nunca paran de gritar, pues. Medio me rasuré, […] me enjuagué, pero igual en ese momento yo tenía muchísima sed, ya no aguantaba, y ya pues, a mi modo dije, aunque estaba lleno de cabellos ahí bien... pues tomé agua del lavabo ese. Porque pedirle agua a ellos, ya. Bueno, tomé un poquito de agua, un trago nomás de agua, ahí. Salí otra vez y entonces ya ahí me tomaron la foto donde está uno cargando su, su plaquita esa. Ahí me tomaron la foto, nos llevaron para tomarnos las huellas de la mano. Pero yo pensé que nomás era del dedo gordo, pero no. Es de todos los dedos, de toda la mano, completa. Luego ya de ahí, que acabábamos de dar nuestros datos, de que nos confirmaban la foto, y de nuestras huellas y todo, otra vez salíamos, nos mandaban a otra habitación donde ahí esperábamos con las manos atrás y la frente recargada en la pared y mirando hacia abajo. Entonces ahí nos volvieron a esposar, aunque ya estábamos adentro del penal, para llevarnos de ahí otra vez a la celda, nos volvieron a esposar. […] Los pasillos que hay ahí, están este, enjaulados. O sea, no puede uno pisar la tierrita que está ahí porque está la malla… […] ¿Quién se va a escapar ahí? Y si luego están los perros, y ellos van armados, ¿quién va a ser ese? Luego ya nos llevaron y cuando llegábamos a nuestra celda nos quitaban las esposas y nos aventaban, nos aventaban ahí y ya entonces ya venía un señor. Un señor que se convirtió en mi amigo.  […]
cciodh: ¿Dos personas por celda?’
t: No, tres personas. La celda estaba más chiquita que este cuarto. Era como de dos por tres metros. Estaba muy chica. Tenía su baño y regadera, una sola cama. Y bueno, cuando me llevaban a mi celda me dio que me quedaba grande el pantalón y, entonces, como iba yo esposado, con las manos atrás, le dije al señor que me llevaba, le digo ‘oficial, se me está cayendo mi pantalón’. ‘Ah! No me importa’, que no sé qué. Y entonces, así seguimos caminando hasta que se me cayó mi pantalón y entonces yo iba con los pantalones abajo y seguía caminando. Y él no me dejaba subirme el pantalón. Y hasta como no podía yo dar pasos grandes, entonces me dijo ‘¡ya, súbete tu pantalón!’, pero me costó mucho trabajo porque yo iba esposado con las manos atrás, y aún así tuve que agacharme, y que ‘¡apúrate, que estás muy lento!’. Nunca paran de gritar ellos. Ya me subí el pantalón y ya lo agarré fuerte y aún así, pues, cuando iba caminando, él todavía me decía, como nos dieron unas chanclas y a mí nunca me gusta usar chanclas porque, no sé, no me gustan las chanclas... Y entonces, me decía él ‘¿no puedes caminar?’, yo decía ‘sí puedo’, ‘ah! porque’, dice ‘si quieres te ayudo’. Me dijo que me ayudaba y me asó las manos de las esposas, me las asó. Entonces, este, me dolió mucho, acá. Y entonces le dije ‘sí puedo caminar’ y ya que me baja otra vez las esposas, bueno las manos, pues. Y ya me llevó corriendo, corriendo. Y es más, hasta el policía se veía que no aguantaba, igual estaba muy cansado pero aún así. Y ya nos metieron a la celda y me encontré ahí con un señor. Y ya había un lavabo, ahí. Y como le digo que a mí me da mucha sed siempre, pues siempre tomo mucho agua, y entonces empecé a tomar agua y sólo había un vasito. Y ese vasito que lo agarré y empecé a tomar agua. Y ya más tarde, como a los 10 minutos, ya llegó otro señor. Y entonces estuvimos en la celda.
cciodh: ¿Todos eran de Oaxaca?
t: Sí, los 3. Porque creo que habían... Bueno, había otro edificio enfrente, donde alcanzaba a ver un poquito y ahí se veía que había otros presos pero esos no eran de Oaxaca. Pero sí, en todo el corredor había puro de Oaxaca. Y había otros pasillos que eran puro de Oaxaca. Y ya como llegamos y ya... Estaban todos tan asustados que el señor con el que estaba, todavía se le ocurrió hacer una broma. Y dice: ‘¡Silencio, señores!’, así, pero fuerte. Y entonces todos los que estaban en la celda de al lado se asustaron. ‘¡Y que se paran!’ dice, ‘Sí señor!’. Ya después se enojaron con él porque ¿qué broma es ésa? Y bueno, allá había tres colchones y una cobija y una sábana y una almohada, ahí.
cciodh: ¿Y alguna asistencia legal en algún momento en Nayarit?
t: Sí, pero ya hasta después. Porque ese día llegamos y ya, ya después en la tardecita, cuando estaba oscureciendo, ya nos llevaron de cenar. En unos térmicos, en unos platos que tienen como... nos llevaron de comer. Pero yo estaba tan golpeado que mis dientes los sentía flojos, me los movía y sentía cómo se movían. Y nos llevaron un pedazo de carne con unas verduritas y pues yo no podía comerme la carne. Ya medio la chupaba y ya me comía un pedacito, pero así sin masticar, pues. Las verduritas sí me las pude comer un poquito, y el caldito, pero la carne no, pues casi... Como no había comido nada pues se me olvidó y entonces mastiqué y me dolió muchísimo los dientes. Ya ahorita está normal pero…ya en ese momento no, no podía comer. Podía comer, pero carne no, algo que se masticara no. Y ya nos dijeron este, ya más al rato llegó el ese, ese señor, el custodio y dijo ‘ya descansen’. Y ya acomodamos los colchones, nuestras sábanas y ya nos acostamos. Pero pues ¿quién dormía? Bueno yo no dormí nunca. Así estuve como tres días. A veces dormía pero sólo un ratito porque me despertaba en un momento porque no me la creía.
Y hasta los tres días, creo, nos llevaron a los juzgados. Pero igual cada que salíamos de la celda, nos hicieron revisión. Teníamos que pegar la frente a la pared y alzar las manos contra la pared. Y entonces nos revisaban, y ya que nos revisaban nos teníamos, dice ‘dése la vuelta’. Y entonces teníamos que hacer el procedimiento nosotros, que nos levantáramos la camisa y luego nos levantábamos la playera y luego con nuestra barbilla, pues, así. Y ya después nos bajábamos el pantalón y luego la ropa interior. Entonces teníamos que estar así [se pone de cuclillas] hasta que según ellos vieran que no llevábamos ningún arma. Entonces ya después podíamos vestirnos. Y así era siempre al salir y al entrar. Y entonces para ir a los juzgados, igual. Agachados con las manos atrás, y ‘corre inútil que no puedes’, así un montón de groserías.
Entonces, la primera vez que nos llevaron a los juzgados fue para decirnos que si queríamos cambiar nuestra declaración, aumentarla o corregirla, porque... pero como yo tenía confianza de lo que dije y, es la verdad, dije no, mi declaración así como está, no quiero cambiarla ni nada. Y bueno, hay unos que sí cambiaron. Entonces yo me acuerdo que igual otra vez...
cciodh: ¿Ahí teníais abogado de […]?
t: ¡Ahá! Había un abogado de oficio, pero adentro de la... de los juzgados. Un salón grande, pero del otro está por celdas, pero sólo había uno, y había como… mínimo… como 30 gentes al mismo tiempo. En 5 minutos el abogado tenía que atender a 30 gentes. Y cuando... yo nunca fui a hablar con él, a preguntarle ni donde estamos o qué pasa.
cciodh: ¿Sigue siendo a fecha de hoy tu abogado?
t: No, porque ella es de Nayarit. Igual la abogada que me atendió según allá, en Talcolula. No, ni la conozco, nunca...
Bueno, según teníamos abogado, pues, pero nadie pudo preguntar nada, ni dónde estamos, ni qué es aquí, nada, nada, pues, nada de nada. Y entonces, este, lo que sé es que una vez una persona le gritó ‘abogado, abogado’, y ya se acercó, ¿no? I dijo ‘¿si? ¿Qué pasó?’, dice. ‘¿Se va a hacer justicia?’ y dice el abogado ‘Sí, se va a hacer justicia’. Así nos decía, de manera burlona, ¡no sé! Y ya entonces… yo hice mi declaración, y ya como a los dos días... ¡ah! Porque lo que sí nos dijo a todos, dijo, ahí se separó y empezó a hablar, dijo ‘por los delitos por los que vienen son, no son considerados graves, así de lo más que van a tener que hacer es de que su abogado o alguno de sus familiares va a tener que ir a depositar una fianza simbólica de 750 a 1.500 pesos más o menos, allí en Tlacolula’. Y ya con eso ya salíamos libres.
cciodh: ¿Y eso fue así?’
t: ¡No! ¡Pues qué va a ser así! Nos dio una esperanza para todos porque, como que descansáramos, pero al día siguiente, bajamos otra vez a los juzgados, nosotros pensando para algo bueno, ¿no? pero nada más bajamos para que nos dijeran que teníamos nosotros auto de formal prisión.
cciodh: Ese día, recuerdas, el día que te dictaron auto de formal prisión, ¿qué día era?’
t: No, no recuerdo.
cciodh: ¿Martes,...?
t: No, no recuerdo. No porque nunca... en mi celda no podía haber ni siquiera un reloj, nada. Es más, hay veces... ni siquiera el sol entraba. En la tarde se veía un rayito de luz, una rayita de luz. Entonces ahí, como yo extrañaba todo eso, me acercaba y veía el sol.
cciodh: Cuando os dieron el auto de formal prisión, ¿de qué se os acusa, de qué se te acusa?
t: […] Nos dijeron que era porque habíamos quemado el hotel Camino Real, habíamos destruido el Banamex y algo así de la Suprema Corte. Que la habíamos quemado... yo qué sé. Pero ya después, me enteré que está todo mal. Cuando salgo entonces me entero que está todo mal, que está mal la averiguación, bueno todo. Todos esos trámites que hicimos, que hizo el Gobierno está mal. Porque según, estamos acusados del Banamex, de Camino Real y de la Suprema Corte de Justicia, o algo así. Pero resulta de que la PFP que fue, la que nos agarró dice que fue porque estábamos quemando una agencia de viajes o algo así. O sea una cosa que ni alcanzo pues. Allá estamos acusados de otra cosa. O sea no tiene nada que ver, pues.
Y ya cuando estaba ahí pues entonces ya conocí a otras personas. Y me daba mucha tristeza. Como es posible, como, como, como es esa gente de la PFP que se metió, hasta se metió a una Terminal de autobuses, bueno de Suburban, que van a Huajuapan, un pueblo que se llama Huajuapan, se metieron ahí y a todos los pasajeros... bueno estaban esperando, este, viajar. No, pues, vámonos, a todos, pues. Sólo estaban esperando ahí el autobús que saliera para ir a su pueblo, e igual, pues, ‘vámonos’. Tanto es así que hasta el chofer de la unidad. Se llevaron a los chóferes. Todo muy feo. Pues a mi me da lástima. Ya pues como es posible. Yo digo, pues si ha participado en las marchas, pues claro que, yo tampoco estoy loco como para ir prendiéndole fuego a ver a que veo. No estoy, así, mal de mi cabeza, pues. Yo en la manera de que considero de que ayudo, es platicando con personas. Pues fíjate, no les digo que tienen que pensar, les digo pues tú, abre los ojos, mira cómo vivimos acá. Fíjate qué cantidad de vida tenemos, fíjate qué hace el gobierno. Sé consciente, pues. Eso y conciencizar a la gente y yendo a las marchas. Participé en la marcha caminata. Un montón de cosas pues. Yo ya me esperaba pues, pero esa pobre gente que estaba en la parada esperando sólo irse para ir a su casa, le digo. A uno de mis compañeros de celda, está mal porque él ya se iba a su casa, estaba llena la Terminal de Huajuapan, de los camiones que van a Huajuapan. Y bueno él subió a… está mal pues, porque él se fue a Estados Unidos a trabajar, regresó, y bueno el chiste es de que su esposa lo dejó, lo dejó. Y entonces él tiene dos hijas una de 7 años y una de 12 años, y entonces el señor es el que ve por ellas. Ese señor es padre y madre para las dos niñas. Y su papá está ahí, a la fecha no los han juntado, no lo han soltado. Ya regresé, este, ayer a Tlacolula para tratar de darle 50 pesos pues porque no tengo mucho pero para que se compren algo, ahí, pues, para que... Porque hay una tienda dicen y bueno pues...
[…]
cciodh: ¿Cuándo saliste?
t: Pues fue igual bien feo. Porque ya uno ya va a salir y no son capaces... así como le digo que yo no quiero que me carguen y que... todo así bien bonito, que no soy de vacaciones, yo lo sé. Pero también nos dan un trato que... donde es mucha violencia psicológica para que uno se quede totalmente traumado, pues, para que uno... Es más, mucha gente que salió no quiere siquiera salir de su casa. Yo sí, porque, este, más o menos mis papás me han educado, pues, más o menos y entonces no me traumé. No siento... claro que sí siento un poco de miedo, porque cuando veníamos, al lado de mí, en el semáforo, pararon dos camionetas de la PFP, y sí, siempre se siente un miedo, pues, recordar como son ellos. Da coraje. Yo pienso, no sé, tuviera la posibilidad de hacerles daño, yo no lo pensaría, a lo mejor. Porque ellos no sólo me hicieron daño a mí sino que a toda mi familia, y a mucha gente. Ahí han entrado mujeres que no, que no, que no saben hablar, español así bien, y entonces, no pueden seguir bien las órdenes que les dan, entonces gritos y golpes. Bueno, ya dictaron el auto de formal prisión y ya regresamos otra vez, a nuestra celda pues ya todos tristes. Casi todos estaban llorando... un ambiente así de depresión, horrible, pues. Donde... ¡ah! Muchos... ya se piensan en matarse, en suicidarse, cosas así de ese tipo, porque unos están llorando, otros... Había maestros que decían ‘ánimo compañeros’, que no sé qué... ’Que vamos a salir adelante, que no se preocupen’. Pero los otros llorando, diciendo ‘que va a quedar de mi casa, mi familia’. Y luego llegan los otros y gritando. Es más, hasta cuando salimos de allá, antes de que saliéramos, los custodios nos amenazaron a los que salimos para que nosotros dijéramos que allá dentro nos tratan bien, que allá dentro si nos dan nuestras tres comidas y nos dan un colchón y una cobija para dormir. Nos amenazaron pues, nos dijeron de que si seguíamos... si seguíamos participando en las marchas y en ese tipo de cosas, nosotros ya estábamos fichados, dice. Y en cualquier momento, dice, te agarramos y te regresas para la cárcel. Y sí se siente miedo. Pero yo no he abandonado porque sigue la demás gente ahí que es inocente. Y entonces sí me dijeron eso de que... todavía tengo que ir a firmar, el día… a cada los días 30, hay que ir a firmar.
cciodh: ¿Dónde hay que ir a firmar?
t: Ahí en Tlacolula porque es libertad condicional bajo... salimos bajo fianza.
cciodh: ¿Qué pagasteis?’
t: No, nosotros no pagamos nada, este, la pagó el Gobierno del Estado.
cciodh: ¿Del Estado de Oaxaca?
t: Sí... Bueno, cuando salimos fue igual horrible porque nos dijeron...
cciodh: ¿Salisteis en Nayarit?
t: En Nayarit.
cciodh: ¿O salisteis acá?’
t: No, en Nayarit, en Nayarit. Este, pues, había rumores de que nos iban a trasladar a Oaxaca y todos teníamos miedo. No aguantábamos la idea de pensar de que, de que nos iban a regresar. Y como ahí nunca, nunca jamás entró ni un abogado ni... de, de, nadie, pues, de aquí de Oaxaca que nos podía decir: ‘No, pues, tranquilícense, estamos trabajando para sacarlos’, ¡nada pues! Todos decían: ‘no, ya nos abandonaron, que no sé que’, así bien feo. Entonces teníamos nosotros mucho miedo de regresar aquí a Oaxaca porque sabíamos que… que regresar a Oaxaca... eran golpizas seguras. Porque así ha pasado. Se mete la policía ministerial a las cárceles y golpean, nos golpean. Y bueno... ya este, nos decían... nos amenazaron antes de ir a los juzgados. No, dice ‘ustedes ya se van, pero donde salgan allá fuera, dice, y anden de que los tratamos mal aquí sus compañeros van a pagar las consecuencias’, dice. ‘Aquí les dimos sus tres comidas, les dimos su colchón y su cobija para que se durmieran. Así de que si salen allá y les preguntan ustedes tienen que decir que aquí los tratamos bien’. Y luego ya gritaban: ‘¿Cómo van a decir si les preguntan?’ Y teníamos que nosotros contestar: ‘Que nos trataron bien, señor’. De ahí ya fuimos a los juzgados, y fue donde nos dijeron que nos habían otorgado la libertad bajo caución... que firmáramos el papel.
cciodh: ¿Ahí le comunicaron quien había pagado la fianza?
t: No, no nos dijeron nada, sólo nos dijeron que ya estábamos libres y que cada de los días treinta teníamos que ir a firmar a Tlacolula, y pues que firmáramos ahí. Y quién no va a firmar, ¿no? Ya sí, pues de mis compañeros de los que estaban en la celda, yo fui el único que salí. No salieron todos. Entonces ya cuando regresé, pues yo regresé muy emocionado, ¿no?
cciodh: ¿Qué día fue eso?
t: Eso fue el día veinti... no, ¿el día veinte? Parece que como el día veinte, más o menos... ahá. Cuando regresé, yo pensé que ese papel era para todo. Y entonces le dije pues, no quise. Pero dije ‘ya salió nuestro auto de libertad condicional, que ya vamos a salir’. Y todos bien emocionados, ¿no? Pero no, nomás era para unos cuántos. Ya después, para sacar sólo a una persona, levantaban a todos. Eran como a las dos de la mañana, creo, y entonces, nada más por molestar, los custodios nos hicieron cantar el himno nacional. ‘¡Ah!…que no son mejicanos’, que no se qué...Y nos levantaban a todos y a cantar el himno nacional. Y ya después que regresaron de los juzgados y ya después nos dijeron, ya descansen un poquito. Nos acostamos, volvimos a poner nuestro colchón, porque don Gil, como es el más grande, lo dejábamos... yo lo dejaba que durmiera en la cama. Y el otro señor, él era muy flojo, no sabía siquiera doblar una sabanita, ni su toalla. Nosotros dormíamos en el suelo con nuestro colchón y estuvimos durmiendo según... como una hora. Porque yo no me dormí, estaba tan emocionado y no me dormí. Ellos sí se durmieron. Y ya después nos llegaron a levantar otra vez y entonces repitieron otra vez los nombres de los que habíamos salido que teníamos que guardar en una sábana todo lo que nos habían dado: nuestra cobija, nuestro vaso, todo lo que nos daban ahí. Y entonces hacer un paquete y con la mano abrazar nuestro colchón. Y entonces ya nos sacaron. Es más nos iban a sacar libres y todavía nos revisaron, no vayamos a robar algo. Bueno ya nos revisaron, y yo digo a mi no me importa, ya estaba para fuera, y ya salimos. Nos llevaron otra vez agachados y cargando nuestras cosas, nos llevaron otra vez al servicio médico, creo, nos tomaron la presión. Pero ahí sí tenían ellos mucho miedo de que nos fuéramos a caer y lastimar. Ahí sí ‘con cuidado’ cuando íbamos a bajar un escalón. ‘Con cuidado, con cuidado’, decían. Porque yo supongo de que ahora sí, si salíamos lastimados, ahora sí nos íban a preguntar ‘¿qué pasa, no? Ahora sí nos cuidaban. Bueno no nos dejaban de gritar pero cuando venia un escalón ‘cuidado, cuidado ahí viene un escalón’ dice, ‘bajemos despacio’, dice, ‘un escalón, no vaya corriendo’. Y así pasó, nos tomamos otra vez las fotos con el cuadrito ese, otra vez nos tomaron huellas de las manos, fuimos ahí donde me chequearon la presión. Según las doctoras me chequeaban la presión, la temperatura y cosas así. Para asegurar que habíamos salido nosotros en buen estado. Y bueno, ahora sí, ya salimos por el mismo lugar por donde entramos en esa aduana. Y entonces entregamos nuestras cosas y nos dieron nuestras cosas. Mi ropa, por ejemplo, venía llena de sangre y olía mal, porque la metieron en la bolsa. Pero aún así, eso nos tuvimos que poner porque teníamos que salir así encuerados Mi ropa iba llena de sangre, y mi pantalón y mis tenis, sin agujetas...y ahí sí me regresaron mi reloj. Ya nos pusimos la ropa y ya nos subimos al autobús y en el autobús estuvimos esperando otra vez, igual con la cabeza entre las rodillas, estuvimos esperando como... como unas 4 horas ahí sentados en el autobús.
cciodh: La segunda vez que salisteis de Nayarit no os dejaron fuera sino que os llevaron en autobús hasta Oaxaca
t: No, pero ya no fue parte de ellos sino que todavía estábamos en el penal y ya nos revisaron, nos dijeron que nos cambiáramos nos quitaron el uniforme ese y nos pusimos la ropa que traíamos y nos subieron en el autobús, esperando como iban saliendo uno por uno, esperando a que salieran los 48, yo creo que eran. Entonces este, ya se iba llenando el autobús, y como yo fui de los primeros que se subió en el autobús, o sea, de los primeros que salí, este, pues ahí estuve sentado como 4 horas más, hasta más, y muchísimo calor. Y si nos movíamos ya estábamos nosotros espantados por si esta vez nos pegaban o no. Pero nos regañaban. Ya después nos bajaban y nos subían pues, para preguntarnos otra vez nuestros datos y no sé qué. Y es más, todavía nos dijeron que firmáramos un papel donde según decía, donde decía, de que si nosotros queríamos firmar de que ahí nos habían tratado bien, de que nuestra salida había sido gratuita y que habíamos recibido, este, todos los servicios y atenciones médicas y no sé qué. Pues, sí quién no va a firmar, pues está lleno de policías ahí, si no firmaba a lo mejor no salía. Y yo lo que pensaba, no me importa, yo quiero salir, yo quiero estar con mi familia. Yo tenía... bueno yo, cuando firmamos esa hoja de que habíamos salido vi el nombre de mi mamá, de mi amiga y de mis dos tías. Pues me sentí tranquilo, porque como yo era de los primeros de los hombres, o sea, primero las mujeres y después los hombres, pues como yo era de los primeros de los hombres no vi el nombre de mi primo ni de mi... de su amigo de mi primo. Entonces eso me hacía sentir mal. Y ya que estábamos en el autobús ya me di cuenta si venían ellos, porque escuché su nombre. Ya nos bajaron otra vez para decir... Buenos nos subían y bajaban del autobús, entonces una vez que nos bajaron me empezaron a preguntar que como me llamaba, que qué era. Yo supongo que para que no se vayan a equivocar porque hasta comparaban mi cara con la fotografía que tenían ahí, creo. Y ya entonces, este, se me ocurrió decirles ’ya puede subirse’, dice. Como ese policía que preguntaba pues no era muy grosero y le dije ‘gracias oficial’. Pero por decirle gracias el otro que me llevó al autobús me pegó, me dijo ‘que gracias ni que nada, pinche chamaco’...y que me pega. Que me da un rodillazo así...como iba yo agachado me pegó con su rodilla en el estómago. Ya me sacó el aire y ya me... Y eso fue después de firmara de que me habían tratado bien, que mi salida había sido gratuita y que no había yo pagado nada. Y bueno, ya nos subieron y ahí sí estuvimos otro rato. Ya como a las dos de la tarde fue que ya estaban todos arriba, las mujeres y todo, y nos empezaron a sacar. Abrieron la puerta esa de la aduana y pues, que será, avanzamos como unos diez, veinte metros y otra vez nos empezaban a bajar. Y dije, ya ahora otra vez y entonces me asusté, porque dice... porque se subieron y nos dijeron ‘cuando se les dé la indicación alzan la cara y voltean a ver la cámara’. Y yo dije bueno, pues otra vez de nuevo. Y ya entonces fuimos bajando uno por uno y... Porque lo que yo no sabía es de que... pensé que nos iban a llevar otra vez al aeropuerto... y nos iban a regresar a un avión de la PFP o algo así. Pero no, sino que allí afuerita nos liberaron. Ahí empezamos a bajar y alcé la cara y dije mi nombre otra vez y entonces me dice ‘camina’. Y ahí había como una valla pues de policías pero no había nada de gente. Y ya vi que ya era afuera, pues. O sea, ya estaba yo saliendo. Entonces... estaban todos... la valla que había de policías, todos estaban armados, con su pasamontañas y su casco así y sus botas. Parecía que de plano. Y eso que ya estábamos libres. Y ya entonces salimos y pues como a mi no me gustaba que me gritaran ni nada, siempre trataba de obedecer, iba agachado. Entonces que me regañan. Dice ‘levanta la cara’, dice, pero yo pensaba que era al otro que estaba en la cama. Y yo estaba así con las manos atrás y agachaba la cara y dice ‘levanta la cara, ¡tú!’ y que me pega con su arma, pues, así con la parte del... como se llama... Y que me pega ‘levanta tú la cara’ dice. Y ya pues, ya levanté la cara y que me grita otra vez ‘¡camina normal, que ya estás afuera!’. Yo no me la creía yo veía a toda a esa gente armada, ay que tal si no, y me castigan. Y entonces, seguía yo con las manos atrás, ya había levantado la cara, y entonces que llega y que me vuelve a pegar. Me pegó más duro acá en la espalda, dice ‘¡que las manos en los costados!, ¡camina normal que ya estás afuera!’. Entonces ya caminé normal según yo, y ya. Entonces salí y nos subieron a un autobús, pero ya eso ya era fuera, ya no iba ningún policía, sino que ya iban todas las personas, pues, que habían salido. Entonces fue cuando vi a mi mamá, vi a mi familia... Me emocioné verlos, no. Ya después... el autobús salió hasta la carretera porque esa es una entrada especial, para el penal, donde hay retenes y todo eso. Entonces ya salieron, y ya a la salida mi papá y mi tío, eran los que estaban en Nayarit tratando de sacarnos, ya los vi, y... nos emocionamos. Había muchas personas que lloraban porque habíamos salido, otros que lloraban porque... por vernos simplemente y había otros que lloraban porque no había salido su familia.
Y lo que pasaba dentro... en una celda estaba el papá y en otra celda estaba el hijo y entonces hay veces que cuando llegaba la comida o cuando... se decía ‘provecho papá’, ‘provecho hijo’. Así bien feo, ¿no? Como el papá o el hijo puede ver como a su papá lo están humillando tan feo. Cada vez que sale tiene que bajarse los pantalones o recibir gritos de otra gente, es algo bien feo. Por eso yo me sentí bien, a lo mejor, al estar yo solo, mi primo lejos, en otra sección, en otro pasillo. Ya de allí ya nos soltaron y nos dijeron que ese autobús era pagado por el gobierno del estado... hasta Oaxaca’.
cciodh: ¿Hay algún abogado o abogada que te esté llevando ahora mismo?
t: Pues es abogado de oficio.
cciodh: ¿Es el de oficio?
t: Sí porque... igual aquí está muy mal porque... como Ulises [Ruiz Ortiz, Gobernador del Estado de Oaxaca] pagó nuestra fianza, entonces él de esa manera nos amenaza a nosotros para que vayamos y le demos las gracias a él...
[…]
Porque si nosotros no le damos las gracias pues corremos peligro de que nos regrese otra vez a la cárcel. Porque él así ha estado llamando a las casas, a los que salimos primero allí en Nayarit. Ha estado llamando para que... tenemos que ir y darle las gracias al gobernador. Pero yo no quiero ir. Yo no quiero porque como es posible de que él nos metió en ese problema. Él nos echó a perder la fiesta de mi hermana de 15 años. Él nos hizo tanto daño, nos golpeó, nos amenazó. ¿Y ahora tengo que ir a darle gracias? De esa manera él va a sacar sus comerciales, y estoy seguro de que él va a sacar sus comerciales ‘no que ya soy buena gente, que no sé qué. Miren aquí liberé a estos presos, que yo pagué su fianza, que no sé qué’. Y ahora quiere que nosotros vayamos a darle las gracias Y además, como estamos con el abogado de oficio... porque él ya sabe sus cochinadas, él ya sabe como va a ser nuestro caso, como nos va a liberar. Porque aquí en Oaxaca no funciona la constitución y las leyes. Aquí hacen lo que ellos quieren Aquí no funciona nada de eso. No que yo tengo derecho a una llamada... que llamada ni que nada, toma tus golpes. Porque estuvimos incomunicados totalmente, nunca supimos nada de afuera ni nada pues. O sea como si... a lo mejor nosotros no sabíamos nosotros si los de afuera sabían que estábamos ahí. A lo mejor pensaban que ya estábamos desaparecidos. No sabíamos nada, no sabíamos nosotros si íbamos a vivir o no, no sabíamos si... Porque allí en cualquier momento podían llegar y cualquiera nos golpeaba y pegaba. ¿Y quién dice algo? ¿Quién se queja? ¿Con quién nos quejamos? Sino que estamos a lo que digan ellos Y ahora quiere que le demos las gracias, porque los autobuses él los pagó. Pero pues se aprovecha de nuestra necesidad. Porque si yo hubiera tenido dinero jamás me vengo en ese autobús que él pagó. Antes me vengo pidiendo aventón o no sé qué, pero no, no con él porque primero nos pega, nos amenaza de que nos iban a violar, de que nos iban a matar. Porque es su gente de él. Yo he estado muchas veces en Radio Universidad cuando funcionaba y entonces llegaban los paramilitares y empezaban a disparar a la Radio. Y entonces lo único que teníamos que hacer era tirarnos al piso y esperar a que no nos tocase una bala. Y ya. Y que qué tal si una vez nos hubiera tocado. Y ahora sí tenemos que ir a pedirle… a decirle gracias por sacarnos. […]