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Testimonio #064 – Mujer detenida y encarcelada el día 25 de noviembre, actualmente en el penal del Miahuatlán
Fecha de la entrevista: 26/12/2006
Lugar de la entrevista: Penal de Miahuatlán
t: Yo nací en México, sin embargo, siempre, mis padres son de Oaxaca de la región de la mixteca, son indígenas y por lo tanto yo soy indígena. Nos criaron mucho hacia la cordura, entonces desde muy pequeña yo he salido a manifestarme, en las cuestiones, en alguna marcha, por la libertad de presos porque ese fue lo que ellos me dieron a mí. Participé en algún movimiento que tuvo que ver con la huelga de la UNAM en el 99 - 2000. Pero yo seguía en el afán de seguir estudiando justamente porque yo me sentía corta de todas las injusticias que yo quería venir aquí, de alguna forma no a cambiar, sino a verlas, entenderlas y poder ayudarme y ayudar a los demás. Con esa visión me vine a estudiar una Maestría en ciencias que está apoyada por CONACYT. Entonces venía estudiando becada, estaba a finales de la beca que se me terminó este diciembre. Y viendo las manifestaciones de los profesores en Oaxaca, de alguna forma como que me resistía un poco a involucrarme porque sabía que era compromiso, y quizá en el momento, dije, por este momento es mejor terminar mi educación que involucrarme pues, con el movimiento.
Sin embargo el movimiento fue creciendo, fue creciendo, me empecé a dar cuenta de muchas otras cosas de las que no me había dado cuenta y el coraje se empezó a dar, entre las discusiones, en este caso con mi esposo. Y empezamos a ver, empezamos a participar, en el sentido de ir a las manifestaciones y de, en ocasiones, de aportar en medicina, despensa, en lo que nosotros podíamos porque pues, el dinero no es mucho, tenemos el dinero limitado.
A partir de eso, las cosas empezaron, el conflicto empezó a crecer de tal magnitud que sentíamos que era necesaria la participación. Después llegó la PFP, nosotros nos dio mucho coraje, y salimos a pesar de que pues sí teníamos mucho miedo, pero salimos a participar en una marcha que llegó al zócalo. Pero ya los de la PFP habían entrado, ya nos habíamos enterado de que ya había habido muertos. Después de eso, yo tuve mucho miedo al siguiente día y pensé que toda la gente se iba a espantar, que ya nadie iba a salir. Entonces este, pues no quería salir pero mi esposo me dijo, ‘pues si quieres quédate’, y yo le dije no, porque si yo soy cobarde y los demás son cobardes nadie va a poder cambiar la situación. Entonces salimos y yo me di cuenta y me sentí muy feliz porque la gente en vez de sentir mucho miedo salió a manifestarse, y así fue durante casi todo el periodo que estuvo aquí la PFP. Pero los enfrentamientos eran inherentes porque la fuerza, yo lo veía, que la fuerza del estado no entendía la problemática que estábamos viviendo y no daba una solución, ni siquiera una media solución, o sea no daba ninguna solución, al contrario, se hacían como que más duro. Entonces, veía ríos y ríos de gente en las manifestaciones, familias completas, y eso a mí me daba mucho, mucho valor.
A partir de entonces estuve en el enfrentamiento del dos de noviembre, cuando inició el enfrentamiento en donde yo estuve, tratábamos de contenerlo, pero nos salimos, pues fueron, fueron más fuertes y yo empecé a llorar cuando empezaron aventar gases, pero fue algo que me dio mucho valor, porque, agarré los refrescos, agarré el agua, este, ayudé los compañeros que estaban enfrentando, después llegó mi esposo, más familia, llegaba mucha gente, o sea, la gente no se escondía en casa sino que salía. Y bueno así también estuve en otro enfrentamiento que no recuerdo cuál era.
A mí me gusta sacar fotografías, y yo decía, todos aquí estamos jugando un papel importante, entonces yo sentía que mi papel era registrar lo que estaba sucediendo, este era mi papel, pero en algún momento también tenía otro papel de auxiliar a mis compañeros, yo los sentía compañeros aunque eran señores, señoras, gente que no conocía. Y eso, por lo que yo siempre estaba, pues, muchos de la prensa ya me conocían que yo iba a sacar fotografías aunque no tenía yo gafete, ni nada. Inclusive algunos de la APPO también me dijeron que no sacara fotos por seguridad de ellos. Yo lo entendía, y pues no sacaba las fotos con sus características, que ellos decían, yo no los sacaba sino que sacaba, y bueno, siempre me interesaba más sacar lo de la represión, entonces muchos ya me conocían.
Ese día de la manifestación del 25 de noviembre, asistí a la marcha, igual sacando fotos, participando en momentos. Llegamos a la manifestación y escuchamos que había conflicto en una parte, entonces yo con mi cámara ahí voy corriendo a sacar fotografías, saqué muchas fotografías, y me di cuenta que este enfrentamiento iba a ser diferente, lo sentí en mi miedo, lo sentí en mi cuerpo, lo sentí. Y parábamos y yo me quedé, y seguí y seguí sacando fotografías. Y después hubo un momento en que dije, bueno, ya están acorralando, y a mí pues me van a agarrar pues no tengo cómo identificarme. Entonces yo me salí de ese lugar, es la calle de Alcalá, me salí, guardé mi cámara, bueno, saqué algunas otras pero ya guardé mi cámara, y lo que empecé a hacer fue pues, este, auxiliar a los compañeros.
Yo había quedado de verme con mi esposo porque íbamos a ir a cenar o si era necesario, pues apoyar al movimiento. Sin embargo salí tarde y estuve como dos horas intentando decirle bueno, ‘ya vienes o no vienes’, y le decía ‘es que tengo mucho miedo porque ya está muy feo’ y él me decía, ‘es que ya estoy a punto de salir, ya estoy a punto de decir’, por ese motivo, me quedé en digamos, en el mero centro. Y después, él ya venía, la última vez que le hablé que ya eran cerca de las ocho, ya venía a recogerme, pero pues ya las cosas estaban muy feas en todo alrededor y él ya no pudo pasar libremente, él traía auto junto con otro sobrino, traían auto y ya no pudo pasar y yo mejor le mencioné, que mejor nos quedábamos de ver en un lugar y que yo a ver cómo llegaba.
Que era un grupo, yo calculo que eran como de doscientas personas, que nos empezamos a reunir porque eran grupos por separado en cada calle. Entonces nos empezamos a reunir, los grupos, y se hizo como de doscientas, más o menos yo calculo, personas. Algunos todavía, como que insistían, pero ya realmente para esta hora, ya era la huida.
Había otra persona que había ido igual en una caravana, y yo venía junto a ella, no supe su nombre pero nos veníamos cuidando, yo la venía cuidando a ella y ella me iba cuidando a mí. Después, subimos una calle, resultó que allí ya venían las camionetas de la PFP, regresamos, íbamos a ir hacia otra calle, igual vimos que había muchos de la PFP, entonces decidimos regresar otra vez, y en eso que regresamos ahí fue donde no logré correr tan fuerte, y ya nos acorralaron, entonces mi compañera, venía junto a mí pero venía de aquí a dos metros, ella logró correr más pero la camioneta se estacionó en este espacio, y yo no pude salir, yo me quedé impresionada, vi hacia atrás, igualmente había camionetas, intenté correr hacia atrás pero sentí un golpe muy fuerte que me tiró, ahí me patearon, me patearon todo el cuerpo y trataron de arrastrarme, pero como estoy demasiado pesada, no me aguantó y me dice ‘levántate, pinche vieja, hija de no se qué’, este, y pues yo le grito, ‘pues déjame levantarme’ entonces ahí vio que yo llevaba el celular en la mano y me lo quitó. En ese momento, y bueno ya, yo dije pues córranme, mejor me subo solita que me suban a golpes. Me subí a la camioneta, nos agacharon, nos quitaron nuestra mochila, de allí ya no llegó mi mochila, se la quedaron, este, mi cámara.
Una chica venía llorando, venía llorando, después supe que se llamaba [Nombre de la chica] y que le habían deformado el ojo. Y yo le decía… no tuve miedo, o sea mi corazón palpitaba, pa, pa, pa, pa, pero yo no tuve miedo, siempre me dan muchas ganas de llorar, pero en ese momento no tuve miedo. Y yo le decía a [Nombre de la chica], le decía, ‘no llores, compañera, no llores, estamos juntas, no te preocupes, no nos va a pasar nada’, le intentaba decir, la abracé y así nos fuimos casi hasta llegando al lugar que se llama el Llano y ella, este, como que dejó de llorar. Y ahí me dijeron que no la abrazara, que si era mi novia. Y pues ya la dejé de abrazar, ella estaba más tranquila.
Y llegamos a ese lugar del Llano, me bajé y nos empezaron a tomar fotografías. Yo me sentí muy estúpida por haberme dejado agarrar, me sentí tan estúpida, decir, cómo fue posible, este, o sea, resultó un momento porque después ya vi que éramos muchas mujeres y hombres. Después pues ya empezaron a decirnos que ‘pinches viejas subversivas’ que nos iban a violar, que nos iban a, pues, a hacer de más, ¿no?, este yo, que mi corazón latía muy fuerte pero yo estaba tranquila. Ahí nos tomaron muchas fotografías, nos tomaron nuestro nombre, edad. De ahí nos subieron a otras camionetas, nos acomodaron en camionetas, y nos llevaron a un lugar que no sé dónde es, algunos decían que eran los hangares, pero no sé dónde era. Y en el trayecto pues nos iban diciendo que ahora si, que nos iban a violar y que éramos unas viejas pendejas, que nos dejábamos influenciar por líderes falsos. Y después, en la camioneta donde íbamos, creo que éramos nueve mujeres, pues este, yo soy bióloga, había otra que era contadora, ciencias políticas, otra que estudiaba idiomas, eran dos o tres maestras, entonces, este, pues ellos mismos se admiraban, decían, ‘es que cómo a ustedes que están estudiando, todavía se dejan influenciar, estos están en un hotel, tomando whisky, y ustedes aquí’, dice, ‘pero para que se les quite, viejas subversivas’, y nos decían infinidad de groserías.
De ahí subieron a una, otra camioneta. Bueno, no de ahí, nos fuimos que un lugar que decía, Cuartel General de Oaxaca, o algo así. Y yo ahí, sentí mucho miedo, porque dije, ahora sí, pues aquí nos van a torturar, nos van a violar, nos va a pasar lo que sea. Sin embargo ahí se cambiaron, ya no eran los mismos, sino creo, que, al menos dicen que era de la AFI, no sé. Pero ya no eran los mismos, ellos no nos trataron mal, ya no nos, bueno mal entre comillas, porque todavía era gritos, todavía era posición de que estuviéramos agachadas. Y de ahí fue cuando nos trajeron aquí a Miahuatlán y al ver yo que decía penal CERESO de Miahuatlán, pues yo estuve muy tranquila porque dije sé que ya no me van a violar o al menos que me saquen de aquí. Pero si no, pues sé que ya no me van a torturar, que ya no me van a hacer muchas cosas porque ya estoy registrada.
Si, este, pues, entramos, nos empezaron ya a revisar, pero ya el trato fue diferente, nos dijeron desde un principio, ‘aquí no las, lo que pasó fuera, si les robaron, si les pegaron u otra cosa, aquí, lo que, dice, son las reglas, si obedecen las reglas no va a pasar nada, no les vamos a pegar, no les vamos a torturar’, y bueno, nos tuvieron allí hasta el amanecer. Hacía muchísimo frío, pero bueno, a final de cuentas estábamos juntos, nos ingresaron y dije, bueno pues ya, este, al ver el ambiente, dije bueno, aquí no vamos a estar tan mal, ya estamos tranquilos. Y sin embargo, cuando, antes, en el amanecer empezamos a rendir nuestra declaración, yo no quise declarar, porque decían que había abogados pero a mí nunca me presentaron uno, entonces decidí no declarar.
Y como a las tres de la tarde, este, tuvimos oportunidad de llamarles a nuestros familiares. Tres o cuatro de la tarde, no sé a qué horas nos reunieron nuevamente, y otra vez llegaron los de la PFP. El señor que estaba de guardia nos dijo que no sabía dónde nos iban a llevar, pero que donde nos llevaran él esperaba que estuviéramos bien. Que nos llevaran bien. Y nuevamente empezó otra pesadilla porque nos sacaron primeras a las mujeres y entre ellas iban mis primas, y entonces, me sentía como decir, todavía vienen, todavía vienen, y otra vez nos esposaron, nos gritaban, nos decían, nos esposaron, nos sacaron, nos subieron al helicóptero, iba una chica más pequeña que yo, al principio, y luego iba yo y una señora atrás, nos sentaron en el helicóptero e iba otra fila de hombres. Y este, ya hicieron el despegue y todo y nos empezaron a decir ‘ahora sí, pinches viejas, las vamos a llevar a Veracruz y las vamos a tirar del helicóptero, las vamos a matar en el mar’ y al principio híjole, sentí muchísimo miedo, porque decía, de dónde me agarro, por más que yo me pueda agarrar de algo, pues estos son más fuertes y nos tiran. Pero inmediatamente dije, no, no creo que puedan, o sea, porque como ya habíamos quedado registrados, dije, pues no creo que sean tan, de alguna forma, torpes y nos tiren. Entonces eso me consoló mucho. Igual venían con el compañero, los compañeros que venían a mi lado, igual diciéndole que los iban a tirar, que ahora sí, que etcétera, y yo decía, ojalá no le hagan caso porque eso no va a pasar, que no le hagan caso. Sin embargo, pues, la cuestión psicológica del manejo. Después llegamos al aeropuerto, igual nos bajaron, nos subieron al avión, cabeza abajo, no podíamos respirar, pues aquí nos dieron en la mañana, entre diez y once, yo creo, algo de comer. Entonces pues yo tenía muchísima sed, tenía muchísima sed. Y les pedí agua, que me dieran aunque sea un trago de agua, y me dijeron sí, pero el agua nunca llegó. Yo me sentía desmayar del cansancio, de la sed y hacía muchísimo calor. Entonces, realmente, pues yo me imagino que me dormí porque no se me hizo muy largo el viaje. Bueno nos bajaron, otra vez a los autobuses esposados, ahí, por momentos nos dejaban reclinar nuestros cuellos hasta que ya llegamos al penal de Nayarit.
En ese entonces pues no sabíamos dónde nos habían llevado. Entramos, nos gritaron que acabábamos de entrar a un penal de máxima seguridad, que teníamos que decir solamente si señor, no señor, que esas eran las reglas. Nos revisaron nuevamente, nos quitaron todas nuestras pertenencias, nos pasaron al área, nos desnudaron, hicimos sentadillas, después nos revisaron la boca. Nos dieron ropa, la mía era demasiado grande, nos dieron estas chanclas, nos dieron una pieza de hombre, y luego al final de cuentas, no nos dieron brazier, pero a final de cuentas, teníamos ropa. Y nos subieron, y nos tomaron, inmediatamente que llegamos a ese lugar, nos tomaron las huellas digitales de todos los dedos de la mano; fotografías otra vez, de perfil, de frente, con nuestro nombre. Ya nos ingresaron a cada una de las celdas. Nos dijeron que iba a llegar una compañera.
Y ya luego ya ahí, estaba muy oscuro, al principio de todo, después prendieron las luces y cada quién quedó en una celda diferente. Después, al día siguiente, ya las normas fueron muy estrictas, porque ya no podíamos hablar, no podíamos, estábamos solas en unas celdas muy pequeñas. Las personas que estaban a cargo de atendernos, gritaban muy feo. Después al siguiente día, yo en ese día en la noche, yo vi agua, vi que había una toalla, vi que había jabón y que me baño. Y suben y me regañan: que por qué me había bañado si no me habían dado una orden. Entonces yo le dije ‘bueno es que no sabía’. ‘¿Porque se bañó?’ Y yo con tanto miedo, pues le dije ‘es que estaba muy sucia’. Y dice: ‘pues no lo vuelvas a hacer porque aquí uno le va a decir qué van a hacer y qué no van a hacer, no pueden hacer nada que no se les diga’. Ah! lo bueno, afortunadamente ya me había bañado.
Al día siguiente, ahí, lo que fue, ya no tragamos alimento hasta el día siguiente, en el desayuno ya nos llevaron alimento. Y al parecer ese día, bueno llegaron más compañeros, nosotros sabíamos que eran de los que habían agarrado en Oaxaca porque muchos iban muy lastimados, y yo tenía oportunidad de verlos caminar e iban muy lastimados, no podían caminar o se les veía todavía las curaciones, etcétera.
Y de ahí, a mí ya me tocó sola, estuve sola todo el tiempo que estuve allí, y en la noche, ya muy noche, nos empezaron a cortar el cabello. Bueno nosotros culturalmente siempre hemos tenido el cabello muy largo, nos gusta tener el cabello largo y usar trenzas. Yo lo tenía muy largo, lo tenía por aquí, por donde me llega mi suéter. Y siempre me había gustado así. Y dije, híjole, me cortaron mi cabello. Que estaban cortando el cabello y ya bajé, en todo momento estuve tranquila. Me bajaron pues ya agarraron mis trencitas y órale, pas, y pues yo en ese momento, traté, dije, ‘no, no te preocupes, total’, este, me daba mucho valor. Yo veía una celadora con la que se refería que mi cabello estaba muy largo y que me lo cortaron, pero toda seria, sin decir nada. Pues sí, subí y híjole, me sentí muy mal, porque pues me deja pelona, y dije, y ahora cómo me peino yo. Estaba muy cortito ahorita ya nos creció un poco. Fue de las cosas que me dolieron mucho porque yo, cuando yo quise tener el cabello corto, me lo corté y me sentí muy feliz con el cabello corto. Pero yo tenía más de doce años que no me cortaba el cabello así, sino puro despunte y me lo cuidaba mucho. Y entonces que otra venga y me lo corte, pues me sentí muy usada porque era parte de mí, era mi característica, era lo que hacía distinguirme de los demás. Allí en México donde yo estudiaba me decían que me lo quitara pero era mi identidad, entonces no podía quitármelo. Y bueno, ya sucedió que a todas nos cortaron el cabello.
Nos trataban muy mal, nos daban a veces la comida muy fría, comida que nosotros no estamos acostumbrados a comer, a veces salada, súper salada, que preferíamos no comerla porque nos lastimaba la lengua de tanta sal. El agua la teníamos que tomar de la llave que estaba ahí. Nos gritaban, yo veía la diferencia porque había otros presos, los que ya estaban ahí. Esos presos pues era también tranquilos pero a nosotros cada que nos sacaban era pues la cabeza bien abajo y caminar con las manos atrás sin voltear porque cada vez que volteábamos nos gritaban muy feo. Cada que nos sacaban de la celda para hacer cualquier actividad, pues, nos revisaban muy bien, yo decía bueno, pero si, nos revisan cuando salimos, nos revisan cuando entramos, pero nos revisaban. Esto, algunas, nos bajaban la ropa interior y decíamos que, que nos subiéramos la camisa para ver qué traíamos por ahí. Y teníamos que hacerlo porque no había otro remedio. Nos bañábamos sólo cuando ellas decían. Estuvimos con la ropa que nos dieron. Como a los dos o tres días nos cambiaron de ropa, nos quitaron la trusa y nos dieron ropa de mujer. Pero bueno el uniforme exterior no nos los cambiaron como doce días después y eso porque les decíamos que nuestra ropa estaba muy sucia que si la podíamos lavar. Y no, no aceptaron que nosotros laváramos la ropa excepto la interior que esa sí nos dieron permiso de lavarla. Y pues ya, todas olíamos realmente muy mal, aunque nos bañáramos diario, olíamos muy mal. Nos dijeron que iban a pasar la lavandería y después de como 12 ó 13 días pasó la lavandería. Y ya nos sentíamos mejor. De ahí ya no pasó la lavandería, hasta que nos trajimos nuestra ropa sucia, 20 días que estuvimos allí, sólo una vez nos lavaron la ropa.
Ahí, muchos de los compañeros, este, pues la soledad. No sabíamos nada, hasta el día miércoles, nos llevaron domingo ahí en la noche y hasta el día miércoles supimos donde estábamos. Nosotros, yo creo que esos fueron los días más difíciles de todos. Porque no sabíamos dónde estábamos, no sabíamos si nuestros familiares ya sabían a dónde nos habían llevado, no teníamos comunicación con nada. Y el trato, que cada una estuviera sola, la mayoría sólo nos habíamos conocido aquí, cuando nos ingresaron. Y bueno, era dar ánimos a los que se caían más. Yo siempre le di muchos ánimos a mi compañera que estaba al lado y a las otras. A veces, para mi, yo sentía que también era darme ánimos a mí, y decía, no, es que ya debieran de haber, ya, somos muchos, no nos pueden tenernos aquí incomunicados. Aún pedimos hacer una llamada y nos dijeron que no, que eso se iba a encargar trabajo social, que no podíamos llamar a nadie y claro, nos dijeron que si declarábamos otra vez. Y yo les dije que no, porque ni conocía, a lo mejor ni era abogado, no sé, pero no quise declarar nuevamente. Y bueno, así, así corrieron uno, tras otro día, tras otro día.
Afortunadamente, la semana siguiente, tuve la visita de mi mamá, ella llegó allí, ya trajo algunas noticias, ya nos corríamos la voz, este, las noticias nuevas. Todo el tiempo que estuvimos ahí era estrés, porque a cada momento nos sacaban, que hacer la prueba psicológica, que la pedagógica, que el trabajo social. Las tres personas o los tres departamentos preguntaban exactamente lo mismo, preguntaban cosas demasiado personales. Yo en ese sentido dije, me imaginé qué quieren ellos escuchar, pues eso les voy a decir y de tal cuenta que me aprendí. Sabíamos que nos iban a preguntar lo mismo. Y nos bajaron una y otra vez, que para una cosa, que para otra cosa y yo sentía que era por el simple hecho de tenernos en tensión nada más. Prefería no bajar, aunque este, no dijéramos nada, pero no bajar. Ahí por más que yo les decía, les preguntaba que si había gente que podía visitarme. Afortunadamente, también para mí, fue mi esposo allá, llegó el día miércoles, pude hablar con él. Posteriormente supe que les habían hecho firmar un documento donde sólo me iban a visitar una, una sola vez. Dije bueno, yo en ese momento no lo sabía. Entonces empezaron a pasar las semanas y nos dimos cuenta que a nadie visitaban y eso fue lo que nos dijimos y ahora qué onda, se supone que nuestros familiares están allá y porque si la visita es cada semana, nosotros nadie nos visitan. Y otra vez la angustia.
Y otra vez el tratar de darnos ánimos entre nosotras para poder salir o al menos pasarla mejor. Estuvimos contándonos cuanto se nos ocurría, canciones, cuentos, poemas, de nuestra vida, para que el tiempo se nos hiciera menos largo. Sin embargo cuando uno estaba solo pues yo decía porque ya me dejaron, o sea, el abandono total. Y bueno, ya un día, nosotros creemos mucho, tenemos muchas creencias como pueblo. Yo les decía, no, este, ya hay señales de que vamos a salir, vamos a salir. Y sí, un buen día entraron muchos carros, empezaron a entrar muchos carros y yo les decía, ya vamos a salir, ya vamos a salir porque esto no es normal. Y sí, en efecto ese día salieron varias de nuestras compañeras, salieron 16 compañeras, entre ellas una, que estaba a mi lado, que se deprimía mucho, que a mí me costaba mucho trabajo subirle el ánimo, entonces me sentí muy bien porque a final de cuentas ella ya lo iba a superar.
Ese día yo creo que para todas fue demasiado difícil. Yo cuando me di cuenta que yo no iba a salir, yo siempre, a lo mejor por eso se me hizo difícil, porque, yo imaginé que iba a ser una de las primeras en salir, y entonces cuando me di cuenta que no iba a salir, fue la primera vez que rompí en llanto, fue por espacio de dos o tres minutos, este, lloré así, lloré feo, pero fue rapidísimo, y bueno me lavé la cara, me puse otra vez, como dicen, las pilas, y me recuperé. Me recuperé, la compañera a la que siempre levantaba el ánimo, sí se dio cuenta, pero como me pude recuperar muy rápido, ya les empecé a bromear y les dije ‘pues ahora si se van seguramente sí nos toca postre’, porque ya nos habían quitado varios días el postre, dulce o la fruta, les decía, ‘no, seguramente como ya se van ya nos va a tocar postre’. Y ya la empecé a bromear y ella se dio cuenta de que ya estaba bien. Yo ese día ya me sentí muy bien. Pero creo que para todas fue el día más difícil que pasamos porque con la esperanza, y bueno final de cuentas salieron algunas, pero aún así, decía mi compañera: ‘nos quedamos las más fuertes’ y sí, nos habíamos quedado las más fuertes y al final de cuentas creo que era por algo.
Después, otro buen día, yo igual decía, viendo el contexto, imaginándome, porque allí no teníamos noticias de nada, imaginándome el contexto, dije, bueno, después del 15 tiene que pasar algo, porque no nos pueden tener así, las cuestiones políticas más o menos así, así van en México, o así han sido siempre, dije, algo tiene que pasar. Pues sí, como a los tres días, cuatro días, igual nos levantan a las tres de las madrugada, vamos al médico, que las huellas, nuevamente nos tomaron huellas digitales de la mano, de los dedos, fotografías de perfil, de frente, fotografías y más fotografías. Certificado médico, y dije, no creo que salgamos, pero al menos algo va a pasar. Ya de ahí, nos quitaron todas las cobijas, las sábanas, todo lo que utilizábamos allí lo hicimos, este, un mazacote, y de ahí nos lo quitaron y nos volvieron a encerrar en nuestras celdas. Y ahí, ese día en Nayarit, hizo muchísimo frío, hacía un viento terrible, inclusive llovió, igual así con el frío otra vez, me levantaba, intentaba hacer ejercicio, ya estaba más calentita pero, otra vez el frío. Y así nos tuvieron como, yo me imagino como desde las dos de la madrugada hasta que salimos, que fue, como las seis, más o menos. Nos sacaron otra vez con nuestras cosas y otra vez gritos.
Nos subieron a los autobuses, ahí ya fue, las chicas, las encargadas de las celdas, ahí nos decían que pinches viejas, que íbamos para nuestras casas, que a ver si nos poníamos a hacer tortillas. Humillación, yo sentí que era humillarnos hasta donde ellas quisieran. Igual, en esta ocasión fue más pesado porque nos subieron las manos al asiento y querían que nuestras cabezas estuvieran así. Muchas teníamos las manos un poco más largas, pero las que tenían las manos más cortas, les fue muy mal, porque a cada ratito les pegaban la cabeza, que subieran las manos. Ahí fue donde, afortunadamente, encontré una posición donde ya no sentía las manos, pero al menos pude soportar todo el camino las manos arriba. En este caso yo venía con mi prima, yo me di cuenta que veníamos, no tenía otra opción y ya saqué mi chancla y empecé a sobar su pie, porque ella venía muy tensa, entonces si ella está muy mal, yo sentía y dije le voy a dar ánimos y la única forma que encontraba era el contacto con nuestros pies, y ella se tranquilizaba, y hacía muchísimo frío, de momento se tranquilizaba. Ella, tenía las manos, le lastimaban más las esposas.
Y a final de cuentas ya logramos llegar al aeropuerto. Yo creo que en ese momento fue un acto de rebeldía, nosotras ya no gritábamos ‘si señor, no señor’, todo lo que nos decían y nos daban órdenes, calladas, calladas, calladas. Ellos se enojaron tanto, que les habían dado la orden que bajáramos las manos y nos las volvieron a subir, pero fue un acto de revelación, yo lo entendí así y soportamos nuevamente el castigo que nos habían puesto. Y bueno, al final de cuentas, nuevamente las volvieron a regañar para que nos bajaran las manos. Y nos bajaron las manos, estuvimos allí un rato y nos bajaron del autobús, y ya nos subieron al helicóptero y igual otra vez, muchas fotos, muchas veces nuestro nombre, otra vez nos cambiaron las esposas y ya nos subieron al avión. Ahí me di cuenta que veníamos todos, todos, inclusive yo escuché ‘van a salir todos’. Entonces eran hombres y mujeres. Ya nos fueron acomodando, y venía la PFP, fue la que nos acomodó en los asientos. Bien agachadas y con las manos en el cinturón de seguridad, este, a mí me apretaron así un montón y teníamos que estar agachadas sin amarrarnos. Ellas nos gritaban, pero a mí me llamó la atención, porque nos gritaban bajito, nos decían ‘si te mueves te voy a dar un putazo, si te mueves te voy a madrear, hijo de…’. Pero bajito, no eran los gritos a los que yo estaba acostumbrada en todo el trayecto. Se me hizo raro, pero no me movía. Ahí agachada, no sé en qué forma me comprimió el estómago o parte de los pulmones, que yo sentía que me iba a desmayar de falta de aire, me costaba mucho trabajo respirar, sentí mucha angustia, trataba de acomodarme para donde fuera, pero el aire no entraba, no fluía en mi cuerpo.
Cerraron la puertas, bueno, no sé, yo me imagino que cerraron las puertas del avión y entonces entró la AFI y la AFI nos dijo que nos incorporáramos, y nosotros decimos, algo así con mucho miedo, teníamos mucho miedo, poco a poco fuimos incorporándonos. Y ellos también nos dijeron que si estábamos muy apretadas, y sí, pues las esposas y luego el cinturón y luego que nos apretaban así, ya veníamos muy apretadas de las manos. Nos aflojaron el cinturón, y bueno, ya, en lo que cabe, disfrutamos el viaje, porque logramos ver el paisaje, logramos platicar, inclusive, entre nosotras. Y ellas también, medio intercambiaron palabras con nosotras. Y los de la PFP se quedaron como muy enojados. Pero nos dimos cuenta que los que mandaban eran las otras, ya nos venimos relativamente bien hasta Oaxaca. Ya en Oaxaca igual, nos bajaron, fotos, otra vez, muchas fotos. Cuando ya nos subieron a los autobuses, fue la primera vez que pudimos reír, que pudimos vernos las caras, en todo el trayecto, como ya eran los de aquí, los del penal, pudimos reír, vernos las caras, pudimos burlarnos de lo que nos pasó. Entramos aquí al penal, igual nos dijeron que obedeciendo las reglas no había problema, que si las desobedecíamos sí iba a haber problema. La comida no es muy buena, pero es nuestra comida y ya nos gusta. De ahí en fuera, creo que a comparación de cómo estuvimos ahí, nosotros nos sentimos en libertad aunque no la tenemos, pero ya nos sentimos mucho más libres.
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